PubliWik - Julio 2020



Real Academia de Artes y Letras de Wikonga

Artículos, Escritos y Documentos hechos por ciudadanos de Wikonga y por colaboradores del Reino.

Revista financiada y promocionada por el Gobierno del Reino Católico de Wikonga e Indias Españolas.

Tabla de Contenido

 

Las Tres Realidades del Hombre – Luis Gonzalo Pérez de León

2

Historia de los tratamientos protocolarios – Adrián Cazorro

4

Silencio, Cortesía y Libertad en el arte de la conviviencia – Patricio Lons

7

La Forja de la Hispanidad – Valentina Orte (Tradición Viva)

9

El bicho y sus consecuencias en la sociedad moderna – Nicolás Pérez

17

Mundo Republiqueto o los heraldos de un nuevo imperio – J.C. Rodríguez Bustos (Wikonga Press)

19

Es gloria de Quito e descubrimiento del Río Amazonas – Patricio Rodríguez

23

El Virreinato de Nueva España, s. XVI, XVII y XVIII – Luis Ozden

32

La esclavitud negra en la América Española  – Francisco Núñez del Arco

52

Contra Pedro el español (I) – J.C. Rodríguez Bustos

56

Contra Pedro el español (II) – J.C. Rodríguez Bustos

59

Contra Pedro el español (III) – J.C. Rodríguez Bustos

64

Ecos confusos de nuestra historia (La Magna Cristiandad en el origen de la Hispanidad) – Patricio Lons

68

El primer estado narcotraficante de la historia fue el Imperio Británico – Denís Gómez-Taylor Oliver

74

El cacao de Guayaquil en la Nueva España – Patricio Rodríguez

75

LA ARTILLERÍA DE COSTA – Guillermo Nicieza

77

¿Robó y saqueó España el oro de América? – Denís Gómez-Taylor Oliver

80

Información sobre Wikonga – Gobierno del Reino

83



Escrito por Don Luis Gonzalo Pérez de León (Vicembajador del Reino en México)

 

LAS TRES REALIDADES DEL HOMBRE

LAS TRES REALIDADES MÁS IMPORTANTES PARA EL HOMBRE

 

EN PRIMER LUGAR ESTÁ DIOS: La Fe y Doctrina Católicas

EN SEGUNDO LUGAR ESTÁ LA FAMILIA: El Padre, la Madre y los Hijos Católicos

EN TERCER LUGAR ESTÁ LA PATRIA: El Pueblo y Gobierno Católicos

 

LA SANTÍSIMA TRINIDAD PADRE, HIJO Y ESPÍRITU SANTO

 

El misterio de la Santísima Trinidad consiste en que Dios siendo numérica e individualmente Uno, existe en tres Personas; en otras palabras, la Divina Esencia que es una y la misma en el más estricto sentido de la palabra, existe en tres Personas realmente distintas una de otra, y sin embargo, cada una idéntica con la misma esencia divina. El Padre no es engendrado, EL Hijo lo es, y el Espíritu Santo procede como de un principio, del Padre y del Hijo.

Cada Persona es realmente distinta de las otras, cada una es verdadero y eterno Dios y con todo, no hay más que un solo Dios. Lo podemos entender como tres individuos son distintos entre sí y, sin embargo, poseen en común su humanidad.

La unidad de las tres Personas divinas es, con todo diferente. Cuando hablamos de ellas como un Dios, significamos no solamente que cada una es Dios sino que cada una es Uno y el mismo Dios.

ESTE ES EL MISTERIO DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD, incomprensible a la inteligencia humana,

En el antiguo Testamento, la noción de las divinas personas fue muchas veces figurada, aunque de un modo oculto, porque los judíos eran demasiado propensos al politeísmo. Este es el más grande misterio de la Religión Católica y comienza todos los actos del culto público invocando el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

 

LA FAMILIA

 

Institución legítima, monógama, fundamental de la sociedad, imprescindible para la propagación de la especie humana y el desarrollo del hombre. Ya desde la Creación fue asentada la base monógama de la unión familiar (Gen. 2-24), y ha sido históricamente  el centro propulsor del progreso humano, Cristo la elevó a la dignidad de unión sagrada; de ahí que la familia realmente cristiana representa la organización ejemplar, pues en ella los deberes y derechos de cada miembro no son gravosas imposiciones jurídicas, sino sublimes vínculos de amor. Y gracias a ese amor la esposa se subordina al marido y se eleva a la condición de compañera, mientras la suave sumisión de los hijos es el reconocimiento de la autoridad de los padres quienes les suministran dirección, cariño, tutela y medios para su desarrollo físico, moral e intelectual.


Por eso son absurdas y antinaturales las teorías que tienden a anular los vínculos de consanguinidad y parentesco, ya sea por la concepción comunista del amor libre, de las perversas leyes actuales contra natura o por cualquier otra tendencia sociológica disgregadora de esta célula de la sociedad humana.¨

Las enseñanzas de Jesucristo en el seno del hogar proporcionan la paz que debe privar en los momentos de crisis y goce en los triunfos de la vida, ayudando a cercarse a Dios suprema meta de la familia católica.

LA PATRIA

Es la llamada Nación; compuesta del territorio, de la ciudad, poblado o lugar, donde se nace o se vive largamente, con su gente, su historia, su religión, su cultura y sus costumbres.

En el caso particular de Méjico y de todas las naciones hispanoamericanas, estas patrias salieron del Imperio Español de manera abrupta, rebelándose contra la Monarquía española no por sus propios habitantes, sino por instigación de naciones extranjeras y masónicas, como lo fueron los Estados Unidos de América calvinistas, la Francia revolucionaria de Napoleón I y la Inglaterra anglicana. Quienes con su odio a la Religión Católica y a la España espada de la Iglesia, armaron material e  intelectualmente a los nativos inconformes y desorientados, para romper los lazos que por trescientos años habían sido formados en las virtudes católicas e hispanas.

La Patria grande de los habitantes de Hispanoamérica era sin duda, la unidad que formaban los cuatro Virreinatos americanos: La Nueva España, la Tierra Firme, el Perú y La Plata.

Con la forzada independencia, se fueron creando pequeñas patrias sin otro sostén que sus menguadas fuerzas, y fueron cayendo una a una en el juego político y económico de las tres referidas potencias.

Méjico, comenzó su independencia con el Imperio Mejicano Católico, encabezado por don Agustín Iturbide con el Plan de las Tres Garantías, hermoso proyecto que de haberse consolidado hubiera constituido la primera potencia católica del Nuevo Mundo.

 

Pero fueron los eternos traidores y enemigos del Orden Cristiano, los enemigos del pueblo mejicano católico e hispano, quienes lo derrumbaron para instalar una república, triste copia de sus protectores, los anglos. Pues Méjico y todas las naciones hispanoamericanas quedaron, al fin sujetas como protectorados, eufemismo de viles colonias, sujetas al mando yanqui, cumpliéndose ampliamente los lineamientos de la doctrina del “Destino Manifiesto Imperial de los angloamericanos” doctrina estructurada y puesta al día por el masón Benjamín Franklin, cuyo lema era: “Dios el altísimo ha predestinado al pueblo angloamericano para regenerar el Mundo”




Escrito por Don Adrián Cazorro (ciudadano del Reino de Wikonga)

Historia de los tratamientos protocolarios

 

Evolución y uso de los tratamientos de las casas europeas


Se conoce como tratamiento protocolario a la fórmula de cortesía utilizada para referirnos con otras personas, normalmente de mayor estatus social. Su utilización y forma han cambiado a lo largo del tiempo y del espacio, dependiendo de la época o el
país en el que se encontrase.

 

Los tratamientos protocolarios surgieron a principios de la Edad Media, en las islas británicas, Francia y la península ibérica. Para mostrar cortesía a un miembro de la nobleza, bastaba con utilizar el término lord/lady o sir/dame (británico), monsieur/mademoiselle/madame (francés) o don/doña (hispánico).

Los reyes, para demostrar su superioridad frente al resto de nobles, utilizaban los títulos alteza, para los reyes occidentales (España, Francia, Reino Unido, Portugal, Italia), o excelencia para los reyes orientales (Polonia, Hungría). Solo el emperador del Sacro Imperio Romano tenía derecho a utilizar el título de majestad, que le fue concedido por la Iglesia Católica para recalcar su posición como presunto heredero del Imperio romano (que según los cristianos debía ser la última nación existente sobre la tierra cuando llegue el Apocalipsis).

Sin embargo, en Francia, el rey haría que sus súbditos le tratasen como majestad, aunque para el resto de naciones y para el papado solo existía una majestad: el sacro emperador romano germánico.

En tiempo de los Reyes Católicos. Con la llegada de los Reyes Católicos a España, comenzaron a utilizar títulos de lo más variopintos, como alteza, alteza serenísima, serenísimo señor, serenísimo príncipe...

Mientras tanto, en el Imperio, los príncipes electores, responsables de la elección del nuevo emperador, asumían el título en alemán de Durchlaucht, que literalmente quiere decir Su Serenidad.

Tras el ascenso de Carlos I de España y V de Alemania, y finalmente, el rey de Francia conseguiría el tratamiento de majestad, aunque para distinguirlo del emperador, que solo podía existir uno, el rey de Francia utilizó el título de Su Majestad Real (real para indicar que es un rey) y el emperador el de Su Majestad Imperial (imperial para indicar que era un emperador).

El rey de Inglaterra, Escocia, Irlanda y señor de las Islas utilizaba los títulos de majestad, alteza y gracia de manera aleatoria, hasta la llegada de Jacobo I de Inglaterra y VI de Escocia.

En el resto de Europa, poco a poco, el título de majestad se va generalizando entre los diferentes reyes; sin embargo, todavía es frecuente el uso de altísimo, excelentísimo y potentísimo príncipe, principalmente en Francia.

El nacimiento del título alteza. El tratamiento de alteza deriva directamente del latín Celsissimo o Celsituda Nostra, que quieren decir literalmente altísimo y alteza. Alteza quiere decir que es muy alto.

Durante la Edad Media, fue utilizado por los príncipes napolitanos y romanos, además de casi toda la nobleza de la Italia principesca y algunos nobles de descendencia itálica y habitantes del Sacro Imperio.

Sin embargo, en 1633, el cardenal-infante Fernando, cuando llega a los Países Bajos, se ve rodeado de varios nobles que utilizaban el tratamiento de alteza, y con el propósito de marcar diferencias hará que los nobles reciban únicamente el título de alteza, y los hijos de los reyes el de alteza real, aunque él, como infante de España, también se atribuyó el título de serenísimo señor.

La cancillería francesa otorgará el tratamiento de alteza a archiduques, grandes duques, príncipes duques y condes italianos y alemanes, aunque estos últimos seguirán prefiriendo el tratamiento Durchlaucht.


En Francia, las familias nobles comienzan a utilizar el tratamiento de alteza serenísima, mientras que los hijos y nietos de Francia el de alteza real. En el Sacro Imperio Romano Germánico, el título de alteza es superior al de alteza serenísima.

Los tratamientos germánicos. Debido al origen diferente de los tratamientos anglo- latinos con referencia a los germánicos, no existía una traducción fija. Así, Durchlaucht (literalmente «Su Serenidad») era utilizado como alteza; Durchlauchtig como serenísimo; Hochgeboren («alto nacido») por ilustrísimo; Hoch und Wohlgeboren («alto y bien nacido») por magnífico, y Wohlgeboren («bien nacido») por ilustre.

En 1742, la zarina Isabel de Rusia otorgará al sucesor del Imperio ruso el título de zesarevich, con el tratamiento de alteza imperial, dando comienzo a una nueva variante de la serie de títulos de alteza.

En el Sacro Imperio nacerá el título alemán de Erlaucht, uno de los varios equivalentes germanos al título anglo-latino de alteza.

Resumen y tabla de equivalencias de tratamientos. No todos los títulos nobiliarios están escritos en esta tabla, ya que los de baja nobleza tienen todos ellos el mismo tratamiento aplicado.

Título nobiliario

Tratamiento protocolario

Reyes y emperadores (majestad)

Rey

Su Majestad, Su Majestad Real, Señor, Sire

Emperador

Su Majestad Imperial

Sacro emperador romano

Su Majestad Cesárea, absolutamente serenísimo gran emperador y señor

potentísimo y misericordiosísimo, protector

 

de la Iglesia

Rey-emperador

Su Majestad Imperial y Real

Rey de España

Su Católica Majestad, Su Catoliquísima

Majestad; Sacra, Católica, Real Majestad

Rey de Portugal

Su Majestad Fidelísima

Rey de Francia

Su Majestad Cristianísima

Rey del Reino Unido

Su Graciosísima Majestad, Su Excelentísima

Majestad, Su Majestad Británica, defensor de la fe

Rey de Hungría

Su Majestad Apostólica, Su Majestad Real

Apostólica

Rey de Polonia

Su Serenísima Majestad Reinante

Rey de Prusia

Su Majestad Prusiana

Rey de las Dos Sicilias

Su Majestad Siciliana

Rey de España-sacro emperador romano

Su Sacra Cesárea Católica Real Majestad

Rey de Portugal-emperador de Brasil

Su Fidelísima Majestad Imperial

Rey-emperador de Austria-Hungría

Su Majestad Imperial y Apostólica, Su

Majestad Imperial y Real Apostólica

Príncipes y nobleza antigua (alteza)

Príncipe

Su Alteza, Su Alteza Real, Su Alteza

Serenísima, Su Gracia Principesca

Príncipe imperial

Su Alteza Imperial

Archiduque

Su Alteza Imperial y Real

Gran duque

Su Alteza Real, Su Alteza Gran Ducal

Infante

Su Alteza, serenísimo señor

Duque

Su Alteza Serenísima, Su Alteza Ducal, Su Alteza Serenísima Ducal

Conde

Su Alteza Ilustrísima

Hijo de Francia

Altísimo, potentísimo y excelentísimo

príncipe; Su Alteza Real, Señor/Señora

Príncipe de sangre de Francia

Altísimo, potentísimo y excelente príncipe; Su

Alteza Serenísima, Monseñor/Señorita

Príncipe extranjero de Francia

Alto y potente príncipe, Su Alteza,

Monseñor/Señorita

Sultán

Su Alteza Sultánica

Nizam

Su Alteza Exaltada

Gran maestre, príncipe de la Iglesia

Su Alteza Eminentísima

Nobleza

Duque

Su Excelencia, Su Gracia, Su Gracia Ducal, excelentísimo señor, nobilísimo señor,

altísimo y potentísimo señor

Marqués

Su Ilustrísima, Su Señoría, Alto y Bien Nacido, ilustrísimo señor, honorabilísimo

señor, magnífico señor

Conde

Su Ilustrísima, Su Señoría, Alto Nacido,

altísimo y potente señor, ilustrísimo señor, muy honorable señor

Señor

Su Señoría, Bien Nacido, honorable, alto y

potente señor, ilustre señor



Escrito por Don Patricio Lons (embajador del Reino de Wikonga en Argentina)

“SILENCIO, CORTESÍA Y LIBERTAD EN EL ARTE DE LA CONVIVENCIA”

Entre las cosas buenas que la humanidad recibió de  España,  está  el lenguaje de los signos para sordomudos; este fue creado por monjes franciscanos y benedictinos españoles, basados en antiguos sistemas de comunicación de señas que se remontan a los monjes cistercien ses  de  Cluny. La idea del lenguaje de señas, nace como medio de hablar  lo  necesario cuando los monjes hacían voto de silencio y luego derivó en un sistema de comunicación para sordomudos. ¡Qué bello es hablar solo lo necesario! Bueno, como en muchas cuestiones de educación, la Iglesia siempre llevaba la delantera. Y eso me hizo pensar en la comunicación, e l silencio y la cortesía. Quienes somos afectos a la memoria de las cosas buenas, recordamos con facilidad y agrado, el estilo amable que otrora ostentábamos los argentinos.

 

Soy de los que pertenecemos a aquella generación que sabía ceder la pared de la vereda a la dama, dar las gracias con una sonrisa, pedir por favor a amigos y mayores, cuidar de un niño, obedecer a la maestra, honrar nuestros abuelos y preguntar a nuestros  padres  si nos podíamos levantar de la mesa, todo eso con nuestro mejor ánimo sin  sentir  menoscabo alguno. Y al final del día, al acostarnos, rezar junto a nuestros padres sentados al borde de la cama. Éramos una generación que se criaba con un estilo de ser, con una cultura que nacía en el catecismo y en la herencia y tradición de las cosas buenas heredadas de la Madre Patria.

 

Pero junto a nosotros parecía engendrarse un cambio que no podíamos percibir, algo que venía de lejos y mu y oculto, bajo zapa de nuestra inocencia.

 

Y en pocos años estalló con estruendo. Los argentinos empezamos a comportarnos ruidosamente, con palabras que agreden al buen sentido del idioma y al mejor gusto de la semántica castellana, con imágenes que solo producen dispersión del pensamiento y con sonidos desagradables y estruendosos, portadores de la pretensión igualitarista  de  ser   tratados como música a pesar de carecer de melodía, ritmo y armonía.

 

Sin embargo, muchos preferimos el buen vivir y el mejor conv ivir, sabiendo que cuando hago lo que debo, disfruto más de la  vida quienes  solo hacen lo que quieren, se enfrentan con una pared de  rechazos  un vacío detrás de sus actitudes egoístas que muchas veces terminan en  situaciones donde a sus víctimas solo les queda el deber de defenderse; a veces, con el simple gesto de apartarlos de su lado.


Parece que algunos argentinos, con falta absoluta de identidad  nacional, han decidido no querer convivir con el resto en clara copia de la peor decadencia que sufrimos en occidente.

 

Y esto me remonta a un pensamiento de aquel famoso obispo norteamericano, monseñor Fulton Sheen cuando se preguntaba: “¿Cuándo nos metimos en esta idea de  que la  libertad significa no  tener márgenes  ni límites? Creo que comenzó el 6 de agosto de 1945  las  8.15  am, cuando dejamos caer la bomba sobre Hiroshima. Eso borró los límites”.

 

En este agosto, a setenta y cuatro años de esa tragedia humana, debemos reflexionar que ese horror se  llega comenzando por pequeñas cosas que   se inician en la convivencia, primero entre personas y luego entre los pueblos. Cavilemos un poco. Aprendamos a apreciar la falta de ruido. Busquemos nuestros propios silencios para meditar,  aprovechemos que Dios nos dio un alma inteligente y no renunciemos a ella. La libe rtad debe estar acompañada de lo moralmente mejor  que  produce  nuestra civilización. Si nuestra libertad no iguala a esos valores cae  en  la  esclavitud de las propias pasiones si  nuestro uso  de  la  libertad supera  los límites de nuestra civilización, cae  en  la  anarquía.  Es  nuestra capacidad de pensar, soñar, rezar amar,  la  que nos dará la  justa medida  de ella para una existencia más plena y una feliz convivencia.



Escrito por Doña Valentina Orte (publicado en TradicionViva)

LA FORJA DE LA HISPANIDAD

Etimológicamente, la palabra “Hispanidad” deriva de Hispania, nombre que los romanos dieron a la provincia cuya extensión alcanzaba la Península Ibérica y el archipiélago Balear, así como la zona norte del actual Marruecos. Por extensión, la expresión “hispano” ha terminado abarcando a las personas de habla hispana o cultura de ese origen, que viven en América y España.


La expresión hispanidad o hispano se utiliza para denominar a las personas, países y comunidades que comparten el idioma español y poseen una cultura relacionada con España debido a la llegada de los primeros españoles a América, terra incognita, hasta su descubrimiento por Cristóbal Colón el 12 de octubre de 1492, uno de los hechos más importantes de la historia europea que condicionó la evolución política, social y económica de los siglos siguientes. La Corona Españolano obtuvo las especias de las Indias. Pero en  su lugar consiguió algo mucho más importante: la oportunidad de construir un gran Imperio preocupándose por la conversión y el trato justo de los amerindios. La Reina Católica, al contrario que otros países posteriormente, los consideró personas y aún más, súbditos de la Corona de Castilla. Ésta es una de las claves más importantes en la evolución del tratamiento jurídico del indio que, no sólo no ha sido suficientemente destacada sino que ha sido ocultada. En las instrucciones, dadas a Nicolás de Ovando el 16 de septiembre de 1501 se recogía perfectamente esta nueva situación jurídica del indio. Concretamente pretendía un doble objetivo, a saber: primero, que los indios fuesen convertidos a la fe católica con lo que, por un lado se cumplía con lo dispuesto en las bulas Alejandrinas, y por el otro, contribuía a la consolidación de la soberanía en los nuevos territorios. Y segundo, que  fuesen  bien  tratados “como nuestros buenos súbditos y vasallos, y que ninguno sea osado de les hacer mal ni daño”. De esta forma la Reina se adelantaba cuarenta y un años a las famosas Leyes Nuevas en las que Carlos V prohibió la esclavitud del aborigen, atendiendo a que eran “vasallos nuestros de la Corona de Castilla”.


El rey Fernando, muerta ya Isabel, regente  de  Castilla  en  nombre  de  su hija, aprobó en Burgos el 27 de  diciembre  de  1512  las  que  se  denominaron Ordenanzas Reales para el Buen Regimiento y Tratamiento de los Yndios. Sus 35 artículos establecían unos derechos para los trabajadores que no existían ni en España, como por ejemplo el que daba protección a la mujer embarazada para las que decretaba que dejarían de trabajar en  las minas cuando estuvieran de cuatro meses y se limitarían al trabajo doméstico y, tras dar a luz, no regresarían a las minas hasta que los hijos hubieran cumplido tres años sin que en todo este tiempo le manden yr a las minas ni hazer montones ni otra cosa en que la criatura rreçiba perjuyzio” (para sí querrían este artículo muchas mujeres actualmente).

Pero el más importante de los artículos es aquel que dispone que el indio es un ser humano, libre y con derechos de propiedad. Se regulaba su obligación de trabajar (cosa que les violentaba porque no estaban acostumbrados) pero también su derecho a un salario y a que el trabajo fuera digno. Los indios solo podían trabajar 8 meses al año, los otros 4 eran para ellos, para labrar sus tierras y atender sus propiedades. En cierto modo las Leyes de Burgos toman en cuenta la organización social de los Amerindios acordando a los caciques y a sus hijos un trato particular.

La religión constituye el meollo de las Leyes de Burgos. Al encomendero le exige que disponga de una iglesia, le manda rezar con los indios, que provea su traslado y que les acompañe a la ida y vuelta y que es importante que lleguen a la iglesia descansados”. La ley cuarta subraya la obligación de “enseñar a los indios los diez mandamientos e syete pecados mortales e los artículos de la fee … pero esto sea con mucho amor e dulçura”(sic). En cuanto a los clérigos, tienen la obligación de “confesar a los indios, por lo menos, una vez al año, de bautizar a los recién nacidos a la primera semana de nacer, de casar a los indios por la iglesia y de enterrar a los muertos cristianamente”.

Estas normas fueron, para la época, absolutamente revolucionarias y, si bien el concepto de libertad era totalmente distinto al de ahora, lo importante es que se reconoció ese derecho. La mera invención del concepto de derechos humanos, independiente de la nacionalidad, la religión… es un concepto totalmente revolucionario. Como consecuencia, se pasa a considerar que las relaciones entre estados debían estar basadas en el derecho, en la justicia, y no en la fuerza.

Las Leyes de Burgos son novedosas también por las cincuenta copias impresas. Nunca se había hecho antes. Fueron pregonadas públicamente por las “plaças e mercados e otros lugares acostumbrados desa dicha ysla por pregonero e ante escrivano publico.” Eso muestra la importancia que el Rey Católico dio a la divulgación de las leyes que constituyen la primera legislación para los pueblos del Mundo Nuevo. El Rey Fernando nos aparece sumamente moderno en su afán de comunicación. Desgraciadamente, por la gran distancia entre el Mundo Viejo y el Mundo Nuevo, lo largo de los viajes, la difícil información, siempre indirecta, del monarca, dieron lugar a toda clase de abusos denunciados por los misioneros en las tierras conquistadas, especialmente los dominicos Fray Pedro de Córdoba, superior de los Dominicos en la Española y Fray Matías de Paz, teólogo salmantino, quienes junto a la convulsión que causó el famoso sermón de Montesinos, misionero en la Española, dieron lugar a las Leyes de Burgos. Pena que no esté reconocida esa labor pionera de los frailes, tan importante, que lleva al profesor Juan Cruz Monje a defender que en estas Leyes de Burgos de 1512 y en la Escuela de Salamanca, con Francisco de Vitoria a la cabeza, se  encuentra el primer precedente del Derecho Internacional y no tanto en Hugo Grocio, quien aparece en las teorías clásicas como precursor.

Esta aventura prodigiosa que condujo al descubrimiento de un nuevo continente, la colonización de tan vasto territorio por tan pocos hombres, el transmitir, junto con nuestro idioma, la religión católica y los valores que, a través de la Historia, heredamos de griegos y latinos, constituye la forja de la Hispanidad de la que tan orgullosos debemos sentirnos. Pero la hegemonía que eso conllevaba, produjo un odio en Europa contra España que han vertido en numerosos escritos, fomentando lo que se ha dado en llamar la Leyenda Negra. Surge a mediados del siglo XVI, en el contexto de la Reforma protestante que España decide combatir con la máxima energía. Aunque surge con Carlos V, cristaliza, posteriormente, en torno a tres ejes: Felipe II, el rey más poderoso de la cristiandad, presentado por sus enemigos como epítome del oscurantismo represivo y la crueldad total; la Inquisición, sus autos de fe, y la conquista de América; tristemente, contribuyen a ello con gran eficacia las famosas Relaciones escritas por Antonio Pérez, ex secretario del monarca, (quien, conociendo a fondo el entorno del rey, combina verdad y mentira hábilmente), Montano, que se encargará de engordar la fábula con un libro- libelo donde narra “las bárbaras, sangrientas e inhumanas prácticas de la Inquisición española” (ocultando que era práctica conocida en Europa: los tribunales ingleses quemaban a supuestas brujas todos los días) y fray Bartolomé de las Casas, con su Brevísima relación de la destrucción de las Indias, un libro que reduce la colonización de América a una interminable matanza.

Hay que repetir hasta la saciedad que esta teoría ha tenido éxito por el interés en que lo tenga, no porque sea una realidad. Solo con comparar la conquista de América del Sur con la del Norte, sobra todo comentario. En la colonización de lo que luego fueron los Estados Unidos, los británicos no llevaron leyes similares a las españolas... y las consecuencias se conocen ampliamente. Los valores que España llevó a América, sirvieron para que se formase una sociedad culta, prolongación de la europea occidental, la criolla. En los países de la América hispana ha habido presidentes descendientes de indígenas (Rafael Carrera en Guatemala, Benito Juárez y Lázaro Cárdenas en México, Alejandro Toledo en Perú, Evo Morales en Bolivia…), mientras que en Estados Unidos los indios han sido exterminados y reducidos a reservas.


Pero si esta amalgama de medias verdades y mentiras monstruosas tomó carta de naturaleza es porque los propios españoles terminaron por creerse la leyenda negra. A este respecto, decir que en las Cortes de Cádiz, los grandes próceres de aquel Parlamento, y los poetas que les acompañaban, daban por buena toda la basura vertida contra su país a lo largo de los siglos. No supieron determinar los factores interesados en que ese descrédito se produjera.


Desde fines del siglo XVIII la corona inglesa, por medio de la Compañía de Indias Orientales, venía realizando planes para la conquista de esta parte de América, con el propósito de insertar sus productos y manufacturas en la sociedad hispanoamericana y encontrar una solución luego de su fracaso en el acceso a América Central. El año 1810 Londres estuvo dominado por las noticias que llegaban de España acerca del desmoronamiento de la monarquía, ante la consolidación de la ocupación napoleónica y el resurgimiento de las autonomías locales como mecanismo de resistencia ante el invasor. Se expandía igualmente el temor de que los codiciados territorios americanos cayeran también en manos de Napoleón. Inglaterra actuó en un doble sentido: en la península ayudaron a combatir al emperador francés, pero en la América hispana utilizaron el poder oculto de sus influyentes logias azuzando a los descontentos en la lucha entre el absolutismo centralizador de la monarquía borbónica de signo francés y el régimen tradicional criollo de los Cabildos abiertos y de los Congresos generales. La España oficial, el equipo dirigente de la Nación, había renegado de los valores que los engendraron a la existencia histórica. Ya el 30 de marzo de 1751, el Marqués de la Ensenada escribía al embajador Figueroa: “Hemos sido unos piojosos llenos de vanidad y de ignorancia”, quizás en referencia a que su ceguera no les permitió ver que la tierra se movía bajo sus pies.


A fines del siglo XVIII y principios del siglo XIX, cuando surgen los primeros movimientos emancipadores en América, la masonería verdaderamente política no era la inglesa sino la francesa, primero revolucionaria y luego bonapartista. Su influencia y sus vínculos eran poderosos y se extendían fuera de Francia. De hecho, los primeros movimientos revolucionarios en las colonias españolas y portuguesas -la de Nariño en Bogotá en 1794, la de Gual y España en Caracas en 1797 y la de Pernambuco en 1801-, fueron liderados por masones con fuertes vínculos con sus hermanos franceses. Los masones pernambucanos incluso llegaron a solicitar la protección de Napoleón, quien ya era Primer Cónsul de Francia. La masonería no era (no es) una organización monolítica que respondía a un único líder, como lo era la iglesia Católica, sino una organización internacional descentralizada con múltiples sectas, ritos y hermandades, que no siempre coincidían entre ellas y muchas veces se oponían abiertamente, pero la “fraternidad entre hermanos” les facilitó mucha ayuda externa, como la prestada por la Sociedad de Tammany o la de la Sociedad de los Caballeros Racionales. En todas las épocas, y en el mundo entero, las sociedades secretas se han constituido como fuente dinámica en el proceso de transformación social y política, y se han comportado como fundamental estímulo en los procesos revolucionarios.


La guerra de Cuba fue el último acto de heroísmo imperial español. La  pérdida de esta guerra dio motivo a los “regeneracionistas” y a los intelectuales liberales para atacar la política reinante y poner de manifiesto el engaño político en que vivía España”. El impacto del “desastre colonial del 98” fue grande. La derrota colonial no fue más que el punto de partida, que no la causa, para que un grupo de intelectuales impulsara un cambio de rumbo en la política nacional y en la mentalidad popular. La protesta contra la política oficial ya estaba ahí desde el movimiento regeneracionista que reclamaba una radical reforma socio-política a todos los niveles.


La sociedad española de finales del siglo XIX y comienzos del XX estaba pasando una grave crisis. A finales del XIX, durante la Restauración, España vivía inmersa en una profunda depresión económica y social. El caciquismo viciaba toda la vida democrática. El país estaba regido por una administración ineficaz y corrupta. El Parlamento no representaba a la ciudadanía. Un desánimo general invadía a una nación que antaño había sido un gran imperio “en el que no se ponía el sol”.

Esta situación de depresión propició el surgimiento de un pequeño grupo de la clase media que intentó presentar alternativas al estancamiento político y cultural del país proponiendo una “regeneración” nacional a nivel económico, político y social. Ante la desmoralización colectiva los “regeneracionistas” intentan levantar una sociedad en ruinas. Su líder, Joaquín Costa, manifiesta una repulsa hacia el estado de cosas que lo había hecho posible y la exigencia de un cambio rotundo de la vida española. La Generación del 98 estaba casi obsesivamente preocupada por lo que se llamó el “problema español”. Todos los autores del 98, nacidos en la periferia peninsular, contemplan la vida con “gravedad castellana” y ven en la frivolidad y en la oratoria vacía el peor defecto de la Restauración. “Les duele la triste realidad española” y, como nuevos románticos, reaccionan con amargo pesimismo ante el lamentable espectáculo que la patria les ofrece. Idealismo, gravedad, sobriedad y agudo espíritu individualista les caracteriza.

El afán principal de la intelectualidad del 98 será buscar los valores propios españoles, los valores auténticos, pervertidos o encubiertos por la “España oficial”; los valores espirituales que distinguen a España de las demás naciones que nos llevó a la gesta gloriosa de la Hispanidad. Muchas de esas ideas del 98 y varias de las ideas políticas de Ortega y Gasset serán asumidas por el fundador de Falange Española, José Antonio Primo de Rivera. Si se exceptúa a Pío Baroja, que fue toda vida consecuente con sus ideas nietzscheanas de un vitalismo anarquista en su búsqueda de aquellos valores, todos los demás miembros del 98 evolucionaron o a una extrema derecha, como Ramiro de Maeztu, o a un conservadurismo tradicional, como Azorín. En el fondo, todos siguieron siendo apolíticos y su ideología mantuvo un marcado carácter espiritual e intimista.


La Hispanidad era lo permanente, el espíritu con fuerza y energía creadora y fecundante, capaz de corporeizarse, de hacerse visible y operar a través de esquemas distintos. No supimos tampoco caracterizar y calificar el hecho doloroso de la separación. Creímos que las Provincias emancipadas hacían, con el gesto independiente, una manifestación tajante, definitiva y pública de repudio a la España materna y progenitora que repelía a la más noble  juventud de América. Las provincias españolas de América y de Asia,

 ispanoamérica y Filipinas, repudiaron a esa España en metamorfosis que se había traicionado a sí misma, pero no repudiaron a la Hispanidad.


Llegados a este punto cabe preguntarse ¿por qué en España se es tan reticente a la celebración del día del descubrimiento de América? ¿Por qué los españoles no sienten el orgullo de haber realizado semejante gesta? Es significativo que el investigador mejicano Alberto Escalona Ramos, se pregunte: “¿Por qué se oculta en las historias oficiales de mi país que durante los siglos virreinales Méjico era la capital de un mundo que se alargaba desde Honduras al Canadá?” o que Vasconcelos[1] proteste indignado: “¿Es qué acaso se quiere que reneguemos de un pasado grandioso, que liquidemos nuestra médula cristiana y española y nos transformemos y convirtamos en parias del espíritu?”. Los españoles podríamos plantearnos preguntas similares; sin embargo, la mayoría del pueblo español, muy influido por las ideas disolventes de la masonería, (cada vez más en auge desde la muerte de Franco) manifiesta no ya indiferencia, sino hostilidad hacia la conmemoración y recuerdo, de modo que ninguno de los nombres que se le ha dado, ha sido bien aceptado.

La   denominación   Día   de    la    Raza    fue    creada    por    el    ex  ministro español Faustino Rodríguez-San Pedro, quien  como  Presidente  de la Unión Ibero-Americana en 1913, pensó en una celebración que uniese a España e Iberoamérica, eligiendo para ello el día 12 de octubre. Posteriormente, las izquierdas alegaron que era un término fascista; seguramente, en su ignorancia pensaron que era creación de Franco.

Hacia 1929 el sacerdote católico español Zacarías de Vizcarra, radicado en Argentina, propuso, en un artículo publicado en la revista Criterio, de Buenos Aires, que “ ispanidad” debiera sustituir a “Raza” en la denominación de las celebraciones del doce de octubre. El término, utilizado ya por Unamuno en un artículo publicado por La Nación, de Buenos Aires, el 11 de marzo de 1910, comenzó a florecer a partir de 1926, de la mano del médico argentino Avelino Gutiérrez y de dos periodistas españoles, el socialista Luis Araquistain y el liberal Dionisio Pérez, quienes se convierten, durante los años 1926 y 1927, en principales propagadores de su uso (particularmente en medios pertenecientes a Nicolás María de Urgoiti, como El Sol y La Voz).El 15 de diciembre de 1931, Ramiro de Maeztu que había sido Embajador de España en la Argentina en 1928 y 1929, inició la revista Acción Española con un artículo, ”La Hispanidad” que comienza:


El 12 de octubre, mal titulado el Día de la Raza, deberá ser en lo sucesivo el Día de la Hispanidad.” Con estas palabras encabezaba su extraordinario del 12 de octubre último un modesto semanario de Buenos Aires, El Eco de España. La palabra se debe a un sacerdote español y patriota que en la Argentina reside, D. Zacarías de Vizcarra. Si el concepto de Cristiandad comprende y a la vez caracteriza a todos los pueblos cristianos, ¿por qué no ha de acuñarse otra palabra, como ésta de Hispanidad, que comprenda también y caracterice a la totalidad de los pueblos hispánicos?”

A lo largo de 1932 y 1933 Maeztu fue puliendo y popularizando en Acción Española su idea de la Hispanidad, que quedó consolidada en la primavera de 1934, cuando apareció su libro Defensa de la Hispanidad. En la plenitud de la segunda República Española, el 12 de octubre de 1935, celebraba en Madrid, por vez primera, el Día de la Hispanidad, y publica el artículo así titulado, en una revista titulada precisamente Hispanidad –“la revista de exaltación de España”–. Un año después, en octubre de 1936, Ramiro de Maeztu, prisionero de la República en la cárcel de Madrid, fue asesinado sin juicio en una de aquellas tristemente famosas sacas. Pero su Defensa de la Hispanidad volvió a publicarse en 1938, en plena guerra civil española, y sus ideas se convirtieron en uno de los principales soportes ideológicos de quienes alcanzaron la Victoria y pudieron establecer la Paz sobre quienes entonces preferían convertir España en una república bolchevique satélite de la Unión Soviética. No es de extrañar, por tanto, que con esa facilidad que siempre tienen las izquierdas para manejar pensamientos y aún la Historia, quieran ocultar el concepto, aunque jamás podrán ocultar la verdad de los hechos. Y hay que recalcar que oficialmente esa denominación no alcanzó reconocimiento durante el gobierno de Franco hasta el 10 de enero de 1958, cuando, por un decreto de la Presidencia del Gobierno, declaró el 12 de octubre fiesta nacional, bajo ese nombre de Día de la Hispanidad.

Con la llegada del periodo democrático surgió el debate de sí era conveniente cambiar el Día de la Fiesta Nacional de España al 6 de diciembre, fecha en la que se aprobó la Constitución de 1978, siempre tratando, por todos los medios, de minimizar la importancia de la labor llevada a cabo por España. No obstante, una ley publicada en 1987 ratificó el 12 de octubre como festividad asociada al Descubrimiento. Su único artículo indica:


Se declara Fiesta Nacional de España, a todos los efectos, el día 12 de octubre, omitiendo la relación de la fecha establecida con la sin par proeza llevada a cabo por un puñado de españoles.

[1] José María Albino Vasconcelos Calderón (Oaxaca, 27 de febrero de 1882-Ciudad de México, 30 de junio de 1959) fue un abogado, político, escritor, educador, …



Escrito por Don Nicolás Pérez (ciudadano del Reino de Wikonga)

El bicho y sus consecuencias en la sociedad moderna

Con respecto al confinamiento obligatorio y toda la psicosis que generan desde la televisión (léase medios de comunicación en general) y gobiernos, me parece algo excesivo, durante toda la historia se ha muerto la gente, siempre que hubo vida hay muerte, estamos desde que nacemos en brazos de la muerte y estas medidas con la excusa de que se hace por miedo a que la gente muera que es un hecho, todo lo que vive muere y con la cantidad de cosas nocivas que hay para nosotros (personas, ciudadanos) como alimentos que contienen compuestos cancerígenos, fumigaciones con agroquímicos (fitosanitarios) sobre pueblos, tenemos las tierras con mayor tratamiento con glifosato y no por la extensión de tierra, sino por la cantidad de litros de glifosato que se utilizan por hectárea en comparación con otros países, el estado nunca nos cuidó, de hecho la mayoría de los hospitales públicos desde hace décadas están caminando sobre una cuerda por la falta de presupuesto para insumos ¿Cuántas veces hemos oído que no hay gaza, jeringas, guantes, pervinox, algodón? Insumos básicos, el dengüe, tuberculosis, hay cientos de miles de casos de tuberculosis, y enfermedades que causan mayores muertos que este virus, pero que se lo tomaba como eso, enfermedades, cuestiones naturales que nos afectan por ser parte de la naturaleza y no se cerraba ningún país, ningún municipio, ninguna delegación y no se cortaba ninguna calle, la gente se juntaba, caminaba en las calles y tenía una vida normal, pareciera que hay un interés en generar esto, porque no puede ser que se haga semejante parate para evitar un hecho inevitable en la vida como es la muerte, si tienen miedo a la muerte tendrán que arreglar sus asuntos con Dios para irse en paz.


No digo que haya que morir de entrada y listo, que ante una invasión o hecho criminal haya que pasar caminando y si la bala te pega bien, no pasa nada, no, ante eso uno si se puede proteger y evitar morir, pero, con esto que es un virus no. Un funcionario público (intendente) dijo y en muchos lugares se dice que recién en septiembre se va a poder abrir negocios y lugares donde se reúna gente debido a la temperatura que a tanta cantidad de grados el virus muere, es decir que van a sacar la cuarentena para después del invierno, en la primavera. Si no hay una intención no lo entiendo, parece que el mundo se ha vuelto loco, por un virus cierran países y no se puede salir del municipio o no se puede circular con normalidad dentro del municipio o delegación siendo uno natural de ese lugar, una nueva, lo que falta ahora es que a los gobiernos se les ocurra tomar por tradición encerrarnos una vez por año en invierno, porque esto va ha seguir, el virus no va a desaparecer y está prohibido o al menos tachado como algo muy negativo por el riesgo de contagio el darse un abrazo, el dar la mano, el saludar con un beso, compartir el mate, el culto


público (las misas), pareciera que quieren castigar para restringir todas las interacciones humanas modificando todo una o varias culturas. ¿A dónde va esto? Ni idea que es lo que pueden ganar con restringir las relaciones humanas, unas personas más débiles, más inestables, depresivas, que consuman más, que gasten más, hacer que decaiga la economía de los países para que los gobiernos tengan que pedir dinero y se endeuden con ellos, hacer que los gobiernos se crean un relato para que compren la/s solución/es.


Antes el hombre era un ser que creía en el más allá, cría en Dios, era un ser trascendente (la cosmovisión de la cultura dominante) el hombre no era todo, era parte del todo, era una pieza más, desde antes de Stonehenge, de hecho así lo ve la Iglesia Católica que sostiene que fuimos creados por Dios. Hoy no, hoy el hombre (varón y mujer, léase hombre como ser humano o persona humana) se ha ensimismado y ha creado altares de sí mismo para adorarse, carente de toda virtud y sólo con sigo mismo como máximo referente que se dicta a si mismo sus leyes a cumplir, en contra de todo orden natural sólo se asombra con su propia creación, se encierra en ciudades, en edificios, en lo gris y a eso lo llama progreso. Después de todo esto, hoy, más hoy en el tiempo por motivo de la “pandemia” de Covid- 19, el hombre se ha enterado que no es inmortal, la fe a la carta le hizo al ser humano creer que era alguien inmortal por los avances de la ciencia, le hizo creer que era alguien omnipotente (que todo lo puede) y omnisciente (que todo lo sabe) y hoy entró en crisis y le confía su vida al estado, estado al que le transfieren esa omnisciencia y omnipotencia. No conocen a Dios y endiosan cualquier cosa.

Mira que te mira Dios Mira que te están mirando Mira que te vas a morir Mira que no sabes cuándo.

(P. Javier olivera Ravasi, 2020)



Escrito por Don Julio César Rodríguez Bustos (director de Wikonga Press)

 

MUNDO REPUBLIQUETO O LOS HERALDOS DE UN NUEVO IMPERIO

por Rodríguez-Bustos para Wikonga Press

Bien conocida es la tercera Ley de Newton o principio de “acción y reacción”: a toda acción le corresponde una reacción igual pero de sentido contrario. Y si bien este principio tenía como aplicación la física, la aplicación de esta ley no se reduce a este plano exclusivamente, sino que es aplicable a otros campos del actuar humano, en especial a todo lo que atañe a la Política y la Religión. Recordemos que la acción de la Reforma protestante, con su semilla revolucionaria, tuvo como reacción la Contrarreforma, y si bien las acciones disolventes del protestantismo no pudieron ser extirpadas de la Cristiandad, la Contrarreforma evitó su desaparición, y separó la misma entre naciones cismática y heréticas y Reinos fieles a la Iglesia Católica. La Contrarreforma sirvió para separar el trigo de la cizaña. No obstante, las acciones disolventes han seguido con sus amenazas, y la reacción, aunque no se ha hecho esperar, no ha tenido la misma fuerza que la acción, y con el paso del tiempo la Iglesia se ha debilitado, cediendo terreno. En el plano de la espada espiritual, de la cual estamos hablando, podemos ver cómo la reacción que significó el Concilio de Trento, terminó en el Concilio Vaticano II cuando la Iglesia se protestantiza y, como dijera el propio Papa VI, albacea del Concilio, se permite que en su sagrado recinto entre el humo de Satán.


Y si hablamos en el plano ya no del Altar, sino del Trono, la acción de la Revolución Francesa, hija de los principios disolventes de la Reforma, también tuvo sus reacciones, las cuales, sin embargo, no han podido detener la paulatina corrosión de la espada temporal: la Vendée fue derrotada, Francia se llama a sí misma y orgullosamente la República. La actual primera potencia mundial, Estados Unidos de América, es hija de la República y está bajo el control de la oligarquía mundial. Su contrincante en la primacía mundial, China, es una república comunista controlada por un único partido, y la URSS, que derrocó a la Santa Madre Rusia, si bien ya se disolvió, en la actualidad, más que una monarquía, es una tiranía democrática. El Imperio Austrohúngaro desapareció atomizado en un puñado de repúblicas y España... España perdió sus Reinos de Ultramar, los cuales se transformaron bajo la égida británica, en republiquetas controladas desde la cité, y cedió a su vez ante el constitucionalismo, sistema muy celebrado y defendido hoy, pero que produjo en el siglo XIX reacciones bélicas como las guerras carlistas. No podemos olvidar que el constitucionalismo es acción. y si nos ponemos en el plano temporal de nuestros días, España ya no se defiende, no reacciona contra el constitucionalismo, como a principios del siglo XIX cuando, a punta de fuego, pillaje y violaciones, los ejercitos napoleonicos impusieron en la Monarquía Hispánica el ideario liberal contrario a su naturaleza. En la actualidad algunos partidos políticos españoles se aferran a


este sistema disolvente, para intentar sobrevivir a los ataques de un republicanismo añejo que pretende regresar a España a la segunda república, con su cariz de felicidad tiránica, muy propia de ideologías como el comunismo y el socialismo, y evitar así, defendiendo el constitucionalismo, la muerte del Reino de España, muerte tan buscada durante los últimos siglos por aquello que podríamos llamar la Revolución en marcha. Sí, ha habido reacción, es verdad, pero se ha cedido paulatinamente: la reacción no ha tenido la misma fuerza que  la acción y hoy el Trono defiende lo cedido, el constitucionalismo, como tabla de salvación. ¿Nos puede salvar aquello que nos hunde?

 

En este contexto actualidad, las redes sociales se han convertido en el terreno donde la Acción y la Reacción libran una nueva batalla, y movimientos defensores del Trono y del Altar se presentan como vanguardias de un movimiento de regeneración política en todo el orbe de la Hispanidad. Mundo Republiqueto es uno de ellos. Por eso, desde Wikonga Press hemos querido entrevistar a sus fundadores: Soda Histeria, Tercio, Paul von Lettow y Cavernario, quienes, salidos desde diferente áreas del conocimiento humano como el Derecho, las Finanzas y los Sistemas, fundaron a mediados del 2019 este movimiento. Mundo Republiqueto resalta su independencia política y económica. Afirma controlar el contenido que comparten sus cuatro fundadores, pagan de su bolsillos los gastos como inversiones necesarias, aprueban o desaprueban los contenidos de quienes colaboran en sus redes y no aceptan donaciones de los lectores u oyentes de sus podcast. A continuación compartimos con nuestros lectores la entrevista que les hiciéramos. Que la disfruten y que saquen sus propias conclusiones. ¿Seremos Acción o Reacción, o acaso seremos o no seremos heraldos de un Nuevo Imperio?

 

WP: ¿Cuál es el objetivo de Mundo Republiqueto?

MR: Crear contenido para internet “desde una perspectiva que no es muy escuchada”, esto es, gente que viene del área identitaria y "racista", pero que critica esas posturas, no desde el progresismo o la izquierda, sino desde la misma "derecha". Como fuimos racistas identitarios, no sólo conocemos todos los argumentos y dogmas, sino que al haber "superado" esa posición, por decirle así, entendemos sus carencias y falencias, y cómo señalarlas: hay una sobre- abundancia de críticas al progresismo y la izquierda, pero muy poca crítica a la "derecha" desde una posición no-progresista o de izquierda, ahí es donde entramos nosotros.

 

WP: ¿Qué los motivó a llamar su organización Mundo Republiqueto?

MR: Nos motivó llamarlo Mundo Republiqueto porque queríamos tener un nombre que satirizara diarios que se ponen nombres como "La República" o "El Mundo", pero haciendo énfasis en que estamos totalmente claros y al tanto de que lo que ocurre en nuestros países son ridiculeces, porque somos todos una colección de republiquetas, incluida la España del "primer mundo".

 

WP: Qué definición tienen para Republiqueto?


MR: Republiqueto es un término despectivo en mucho parecido a "república bananera", pero nosotros no lo usamos exactamente igual. Quiere decir que tu país se las da de república soberana, pero en verdad es un país títere de intereses internacionales, nunca pudiendo hacer lo que realmente conviene para el país, porque lo importante es apaciguar grupos de intereses internos o externos. Una republiqueta es una república fracasada y servil que no se entera que es tal.

 

WP: ¿En ese orden de ideas, hay una sola forma de republiquetas o hay varias? MR: Es difícil contestar si hay varias, porque al final parece que todas padecen de lo mismo a pesar que funcionen de manera distinta. Hay más como "niveles" de republiquetismo, pero no los hemos elaborado aún.

 

WP: ¿El Nuevo Orden Mundial está conformado por republiquetas?

MR: No necesariamente, porque el NOM proviene de países poderosos que no son republiquetas justamente, pero mientras menos soberano eres, más fácil para el NOM hacer de las suyas en tu país, porque el gobierno no se opone.

 

WP: ¿Habrían algunas naciones soberanas que no se pueden considerar como republiquetas?

MR: Interesante pregunta. Sería cuestión de analizar, porque a veces EEUU da la impresión de ser bien republiqueto a pesar de ser la nación más poderosa del mundo. Pero digamos que no, para mantener la definición bien acotada aplicándola más al mundo Hispano. Si reducimos ser Republiqueto a solo ser "corrupto" o "no soberano" se pierden muchos matices.

 

WP: Muy bien. Entonces hablemos de lo que nos toca más de cerca: las republiquetas del mundo hispano. ¿Todas la naciones hispanas son republiquetas o habría alguna o algunas que no lo son y si es así por qué?

MR: Todas son republiquetas, ni una se salva.

 

WP: ¿En qué momento la Hispanidad se convirtió en un cúmulo de republiquetas?

MR: No es un "momento" en que se volvieron. Fue un proceso consecuencia de las Independencias, pero no fue al momento de “independizarse”, pues siguieron siendo países relativamente poderosos y ricos por un tiempo. En el siglo XIX un general o político hispanoamericano podía estar hombro con hombro con cualquiera de Europa.

 

WP: ¿Cuál puede ser considerada la causa de este proceso de decadencia o deterioro?

MR: Las causas son varias: desde la desestabilización que trajo el romper el Imperio español, lo cual nos sumió en incontables conflictos internos, la total basura que han sido nuestras élites desde la Independencia, en su gran mayoría serviles a intereses extranjeros, el rechazo de nuestra propia historia que nos ha vuelto esquizofrénicos y el complejo de inferioridad que se ha ido desarrollando por todos los factores anteriores.


WP: ¿Qué papel juega el sistema republicano como causa de esta decadencia? MR: La democracia y las repúblicas de por sí no son buenos sistemas, y para los hispanos peor. El andar persiguiendo modelos republicanos es un síntoma del problema real subyacente, que es que nuestras élites tienen sus cabezas en otros países y no les interesa implementar un modelo propio que vaya acorde con los hispanos de América.

 

WP: ¿Desde Mundo Republiqueto ven alguna salida a esta crisis?

MR: Para salir de esto primero hay que combatir la leyenda negra para superar el complejo de inferioridad que nos causa andar buscando ideas, filosofías y modelos completamente extranjeros y, más allá de extranjeros, en detrimento total nuestro. Entonces hay una labor educativa y de divulgación que realizar, pero esto queda en nada si no damos el paso más importante que es armar una plataforma política o participar en política. Y también siendo menos "materialistas": hay que rezar mucho, ir a misa y tener familias grandes y católicas.

 

WP: Podríamos decir que para Mundo Republiqueto el Trono y el Altar son los baluartes que la Hispanidad necesita?

MR: Sí, claro. La Hispanidad sin el catolicismo y sin una figura aglutinante de tipo monárquica no tiene mucho sentido. Sería como un club de naciones más estilo la Unión Europea o la ONU que, siendo honestos, sería mejor que lo que tenemos ahora, pero ese no puede ser el objetivo o la meta final.

 

WP: ¿Cuál es el objetivo o la meta final para Mundo Republiqueto?

MR: Ser heraldos de un nuevo imperio católico hispánico. Queremos servir como medio para una plataforma política que se arme en el futuro.

 

WP. ¿Lo creen en verdad posible? ¿Existe en la actualidad algún sustrato político en la Hispanidad sobre el cual se pueda afianzar este objetivo?

MR: Claro que lo creemos posible. No existe sustrato político, hay que construirlo.

 

Reino de Wikonga, 13 de julio del año del señor de 2020 y fecha del natalicio de Cayo Julio César



Escrito por Don Patricio Rodríguez (vicembajador del Reino en Ecuador)

 

ES GLORIA DE QUITO EL DESCUBRIMIENTO DEL RÍO AMAZONAS


Los titulos, pruebas, documentos históricos españoles respaldan los derechos amazónicos del Ecuador, por lo mismo que existe una aguda controversia entre las posiciones histórico-jurídicas del Ecuador y del Perú, resulta indispensable señalar los títulos históricos que respaldan los derechos amazónicos del Ecuador y que, en apretada síntesis, son los siguientes:

 

1.- Es gloria de Quito el descubrimiento del río Amazonas

Detrás de esta bella y precisa frase, acuñada por un cronista español en 1542 de la aventura descubridora, está una realidad incontrovertible, que no puede ser ocultada por los requiebros jurídicos de la interpretación peruana, y es el hecho


de que los expedicionarios salieron de la ciudad de Quito, que en su inmensa mayoría eran quiteños por nacimiento (los indios) o vecinos de la Gobernación de Quito (los españoles) y que sus recursos, bagajes y acémilas habían sido proporcionados también por el territorio quiteño. Es más, no figuraba entre ellos ninguno que pudiera llamarse peruano.

 

Otras razones que comprueban que la expedición fue concebida y planificada en Quito, y que salió de esta ciudad y no del Cuzco, son la lejanía temporal entre el paso de Gonzalo Pizarro por el Cuzco y su salida hacia "el país de la canela", y la ruta misma de su expedición descubridora, que avanzó de Quito hacia el Oriente por la vía indígena de Papallacta y Baeza, hasta llegar al Coca, desde donde Orellana siguió por el Napo hasta encontrarse con el Amazonas, el 12 de febrero de 1542.

 

En cuanto a lo primero, salta a la vista la falta de continuidad entre el viaje de Gonzalo Pizarro del Cuzco a Quito y su nuevo viaje de Quito al Oriente, fenómeno que la historiografia peruana trata de explicar aduciendo que "la expedición llegó a Quito y se quedó varias veces porque había que buscar nativos que hablaran castellano, y supieran hacer balsas".

 

En cuanto a la ruta seguida por Pizarro, obvio es que si ella hubiese sido concebida en el Cuzco y salido desde esa ciudad habría seguido la ruta directa de los ríos Apurímac, Urubamba y Ucayali, en vez de emprender una vuelta tan larga, demorada y costosa como subir a Quito para bajar luego hacia el Oriente.

 

Recordemos que lo que se buscaba era el PAIS DE LA CANELA, EL DORADO que se relataba que estaba al Oriente, nadie sabía que se iba a descubrir el Río Amazonas. Así que lógicamente toda expedición se dirigiría inmediatamente al Oriente. En el caso de Quito, el Amazonas esta inmediatamente al Oriente, siguiendo la trayectoria geográfica directa del río Napo.

 

Queda por aclarar el asunto de la autoridad descubridora. La historiografía peruana se ha empeñado en sostener que Gonzalo Pizarro partió en su expedición al oriente "autorizado en el Perú por el Gobernador Francisco Pizarro", (ojo con Gonzalo y Francisco) de lo cual derivarían los supuestos derechos peruanos en el descubrimiento del río Amazonas.

 

También esto constituye una alteración de la verdad histórica, pues existen pruebas documentales de que el marqués Francisco Pizarro, autorizado por el rey de España mediante el "Convenio de Toledo", dividió su gobernación en dos y creó la Gobernación de Quito, fijándole como linderos, por el Norte, la tenencia de Gobernación de Popayán, y por el Sur, una línea que salía de Paita y seguía por Piura, Cajamarca, Chachapoyas, Moyobamba y Motilones; en el mismo acto, el marqués designó como Gobernador de Quito a su hermano menor Gonzalo, quien salió del Cuzco para tomar posesión del territorio de su mando.


Tiempo después, ya posesionado del gobierno de Quito, Gonzalo concibió la idea de efectuar una expedición conquistadora hacia "el país de la canela", en busca  de la apreciada especia, y solicitó para ello la colaboración de su Teniente de Gobernador de Guayaquil (Actual ciudad ecuatoriana), el capitán Francisco de Orellana. (Gobernador de Quito: Gonzalo Pizarro - Gobernador de Guayaquil. Francisco Orellana).

 


Hay muchas pruebas adicionales del origen y carácter quiteño de la expedición. Una de ellas es la magnífica "Relación" de esa audaz aventura descubridora, escrita por el español vicario de Quito que acompañó a Gonzalo Pizarro, fray Gaspar de Carvajal, en la que se lee:


"...Este capitán Francisco de Orellana era capitán y teniente de gobernador de la Ciudad de Santiago de Guayaquil ... y por la mucha noticia que se tenía de una tierra donde se hacía canela, sabiendo que Gonzalo Pizarro, en nombre del Marqués, venía a gobernar a Quito y a la dicha tierra que el dicho capitán tenía a su cargo; y para ir al descubrimiento de la dicha tierra, fue a la villa de Quito, donde estaba el dicho Gonzalo Pizarro, a le ver y meter en la posesión de la dicha tierra. ... El dicho Gonzalo Pizarro, que era Gobernador, fue enpersona a descubrir la canela... y el dicho capitán Orellana en su seguimiento..."

 

Otra es una carta del propio Gonzalo Pizarro al rey de España, fechada en Tomebamba, el 3 de septiembre de 1542, en la que el conquistador afirma:

 

"Desde la ciudad de Quito escribí a Vuestra Majestad haciéndole saber... cómo por las grandes noticias que en Quito y fuera de él yo tuve por caciques principales y muy antiguos como por españoles, que confirmaban ser la  Provincia de la Canela y Laguna del Dorado tierra muy poblada y muy rica, por cuya causa yo me determiné de lo ir a conquistar y descubrir".

 

Pero fue el propio descubridor del Amazonas quien elevó un memorial al rey, en 1543, testimoniando las circunstancias de su hazaña: "El Capitán Francisco de Orellana, natural de la ciudad de Trujillo, que es en estos reinos, digo... porque continuando la voluntad que siempre he tenido de servir a Vuestra Majestad yo salí de las Provincias de Quito con Gonzalo Pizarro al descubri-miento del valle de la Canela…"

 

De ahí que, en la "Capitulación que se tomó con Francisco de Orellana para el descubrimiento y población de la Nueva Andalucía, año de 1544", suscrita por el Príncipe de Asturias y próximo rey Felipe II, se hizo constar lo siguiente: "Por cuanto vos el Capitán Francisco de Orellana me hicisteis relación que habéis servido al emperador y Rey mi Señor... y continuando la voluntad que siempre habéis tenido de servir a Su Majestad, salisteis de las Provincias de Quito con Gonzalo Pizarro..."

 

Y de ahí también que uno de los cronistas de esa hazaña, el padre Alonso de Rojas y Fray Gaspar, hayan consignado para la historia aquella frase que eternizara la quiteñidad del Amazonas: "Bien se podrían gloriar Babilonia de sus muros, Nínive de su grandeza, Atenas de sus letras, Constantinopla de su imperio, que Quito las vence por ser llave de la Cristiandad y conquistadora del mundo, pues a esta ciudad pertenece el descubrimiento del gran río de las Amazonas."


2.- La creación de la Audiencia de Quito reconoció y legitimó plenamente el descubrimiento quiteño del Amazonas.

 

En efecto, al crear en 1563 la Audiencia y Presidencia de Quito, el rey Felipe II le asignó un amplísimo territorio, que se extendía "por la costa hacia la parte de la Ciudad de los Reyes hasta el puerto de Paita exclusive, de manera que la dicha Audiencia tenga por distrito hacia la parte susodicha los pueblos de Jaén, Valladolid, Loja, Zamora, Cuenca, La Zarza y Guayaquil con todos los demás pueblos que estuvieren en sus comarcas y se poblaren y hacia la parte de los pueblos de la Canela y Quixos ha de tener los dichos pueblos con lo demás que se descubriere.

 

Dicho en síntesis, el territorio de la nueva audiencia tenía por el sur límites similares a los fijados por Francisco Pizarro a la Gobernación de Quito y se extendía por el suroriente hasta la actual Bolivia;

por el Oriente se extendía, por ambos lados del Amazonas, e incluía las nuevas regiones "que se descubrieren", teniendo como único límite legal la línea fijada por el "Tratado de Tordesillas" para demarcar las posesiones españolas y portuguesas en el área.



3.- La colonización de la hoya amazónica en su parte occidental, fue efectuada y mantenida por la Audiencia de Quito durante toda la etapa colonial.

 

Si la Gobernación de Quito descubrió el Amazonas en 1542, a partir de 1563 la Audiencia y Presidencia de Quito efectuó un vigorosa y creciente labor de colonización en la hoya amazónica, reiteradamente autorizada por cédulas y reales órdenes de la corona española, que tuvieron su culminación en las cédulas del 12 de abril de 1646 y 16 de julio de 1683, que dispusieron que la audiencia quiteña continuase con su labor colonizadora y evangelizadora en tierras del Marañón.

 

En el mareo de esa acción, diversas comunidades religiosas quiteñas desarrollaron una activa labor misionera. Los dominicos incursionaron y establecieron misiones en Canelos. Los franciscanos lo hicieron en el área del Putumayo, el Napo y el Marañón hasta las posesiones de Portugal, y alguno de ellos repitió la hazaña de Orellana, viajando desde Quito hasta España.

 

Los mercedarios y agustinos colaboraron con las expediciones militares que salieron desde Loja hacia las provincias de Jaén y Maynas, situadas en la parte septentrional del Marañón. Pero sin duda fueron los jesuitas quiteños quienes desarrollaron la más amplia labor colonizadora, pues que su labor misional abarcó tanto las zonas de Quijos, Sucumbíos, Pastaza, Napo y Aguarico, al norte del Amazonas, así como las vastas selvas de Maynas y Moxos hasta el Huallaga y el Ucayali, cerca del Cusco.

 

Un notable misionero y cartógrafo jesuita, el padre Samuel Fritz, elaboró y publicó en Quito varios notables mapas de la hoya amazónica, incluyendo el "Mapa del Gran Río Marañón" (1707), cuyo texto explicativo abunda en detalles sobre la labor colonizadora de Quito. Otros jesuitas quiteños, los padres Brencano y De la Torre, elaboraron el célebre "Mapa de la Provincia Quitensis" de la Compañía de Jesús (1751), donde se evidencia la amplitud de los territorios colonizados por Quito a ambos lados del Río Mar.

 

La labor misionera y administrativa de la Audiencia de Quito en la hoya amazónica se extendió, no sin tropiezos, hasta la expulsión de los jesuitas de sus dominios americanos por el rey Carlos III (1767). Este hecho afectó notablemente a la labor misionera de España en los territorios orientales y facilitó el avance de la colonización portuguesa, cuyos "bandeirantes" empezaron a penetrar audazmente en Maynas.

 

Fue en aquella circunstancia que el Gobernador de Maynas y Comisario de Límites, el ingeniero español Francisco de Requena, recomendó la creación del nuevo Obispado de Maynas, para suplir la ausencia de los jesuitas quiteños. Interesada en la preservación de sus dominios amazónicos, la corona española atendió favorablemente el pedido de Requena y dictó la Real Cédula de 15 de


julio de 1802, creando el nuevo obispado y poniéndolo bajo la prelatura del Arzobispado de Lima.

 

Complementariamente, creó la Capitanía General de Maynas, "para confrontar en lo posible, la jurisdicción eclesiástica y militar de aquellos territorios". En todo caso, la cédula no separaba de la Audiencia de Quito el territorio de Maynas sino que se limitaba a "segregar el gobierno y Comandancia General" de ellos, para agregarlos al Virreinato Perú. En todo caso, esta cédula pasó a ser alegada por el Perú, ya en la época republicana, como prueba de sus supuestos derechos sobre los territorios de Jaén y Maynas.

 

Un año más tarde, el 7 de julio de 1803, el rey emitió una Real Orden disponiendo que "sobre defensa de la ciudad y Puerto de Guayaquil... debe depender el Gobierno de Guayaquil del Virrey de Lima, y no del de Santa Fe, pues éste no puede darle como aquel en los casos necesarios los precisos auxilios...". Esta disposición fue, desde entonces, argüida por el Perú como título territorial sobre la rica provincia cacaotera de Guayaquil, y sirvió como pretexto para que el Virrey Lima, Marqués de la Concordia, dispusiera en 1810 la total agregación de ella al Perú.

 

Esto último provocó las protestas del Presidente de Quito, Barón de Carondelet,  y del Procurador del Cabildo de Guayaquil, don Francisco Ventura de Garaicoa. De otra parte, los diputados la provincia de Guayaquil don José Joaquín Olmedo y don Vicente Rocafuerte, elevaron en 1813 un memorial al rey, solicitando que se restableciese la franquicia del comercio de cacao, estrechada por las autoridades virreynales del Perú, pese a las leyes y reglamentos de libre comercio dictado por la corona y con el único objeto de beneficiar al círculo monopolista del Consulado de Lima.

 

También pedían que se erigiese un Tribunal de Comercio (Consulado) en la provincia de Guayaquil para liberarla de las imposiciones monopolistas del consulado de Lima, y que se autorizase "al Ayuntamiento para proponer al Virrey los sujetos que hayan de servir los empleos de Tenientes Gobernadores en los pueblos subalternos de esta Provincia", porque los Virreyes hacían estas elecciones por palanqueos y nombraban a personas que, "lejos de dedicarse a la administración de justicia, tratan solamente de buscar su utilidad personal".

 

Finalmente, oídas las protestas quiteñas y guayaquileñas, una Real Cédula de 1819 precisó que la Real Orden de 1803 "solamente le concedía (al Virrey del Perú) jurisdicción y superioridad en lo relativo a la defensa de la ciudad y puerto de Guayaquil" y concluyó restableciendo en esa provincia la plena autoridad y jurisdicción del Virreinato de Santa Fe y disponiendo que el nuevo Virrey de Lima procediera inmediatamente a "la reposición de la ciudad de Guayaquil y su provincia al ser y estado en que se hallaba antes de acordar en el año de 1810 vuestro antecesor el Marqués de la Concordia su agregación a ese Virreinato".


Esas ambiciones peruanas por poseer Guayaquil y la resistencia activa de los guayaquileños contra el monopolio comercial de Lima han llevado a que eminentes historiadores extranjeros sostengan que, el 9 de octubre de 1820, nuestro puerto no solo buscó independizarse de España sino del Perú.

 

Para la anécdota:
 

Si es gloria de Quito el descubrimiento del Río de las Amazonas, pues el descubrimiento de la Cueva de los Tayos es gloria guayaquileña.

Esto debido a que la mayoría de exploradores que acompañaron Juan Moricz y Neil Armstrong eran de esta ciudad.




Escrito por Don Luis Ozden (vicembajador del Reino en Méjico)

 

EL VIRREINATO DE NUEVA ESPAÑA SIGLOS XVI, XVII Y XVIII


A MANERA DE PRÓLOGO Y ADVERTENCIA

Para entender la historia de nuestro país, México, y adquirir la Conciencia Histórica necesaria e indispensable en esta época de principios del tercer milenio, signada por la confusión inducida, por mentes ajenas, en el pueblo mexicano con respecto a su origen, sus valores morales y su futuro como nación respetable, hemos de situarnos en el momento de su nacimiento: la Conquista de Hernán Cortés.

Es común encontrarnos con intelectuales que han leído a los cronistas antiguos y modernos de la Conquista del siglo XVI, que repiten sin embozo los errores de la historia oficial y de los historiadores a sueldo del Sistema.

La mayor parte de los historiadores extranjeros y sus corifeos nacionales, continúan dando alas a la LEYENDA NEGRA antiespañola que apareció en las provincias italianas del siglo XVI y continuó en los países que adoptaron el protestantismo luterano, anglicano y calvinista en ese mismo siglo. Ellos quitaban la intención evangelizadora en la Conquista del Nuevo Mundo y “aparecía el caso de un pueblo poderoso que se enfrenta a pueblos débiles, los vence, los explota lo más posible, y de este modo acrecienta su patrimonio”, es esta concepción, el aspecto religioso pasa a ser anecdótico o también, resultado del “atraso secular” de España. El pragmatismo económico de los pueblos nórdicos protestantes coloca en primer término de toda actividad humana a la ganancia monetaria sobre el ideal religioso. No podían entender el espíritu todavía medieval de la Cristiandad española. A ellos se sumaron los escritos fantasiosos de Bartolomé de las Casas, un caso especial de distorsión de la Historia.

Por tanto, siguiendo la Verdad Histórica nuestra conciencia nos obliga a adecuar nuestro ser contemporáneo al momento de la Conquista militar y espiritual de Nuevo Mundo; a las ideas y acciones que se tomaron desde las últimas décadas del siglo XV y las primeras del XVI. Ser consciente de nuestra historia, es tratar de entender aquella gesta única, despojarnos de nuestros prejuicios más comunes hoy en día como son: el subjetivismo protestante, el romanticismo decimonónico, el pernicioso indigenismo, el materialismo dialéctico y el pragmatismo económico que ensombrecen la mente de casi todos


los pensadores contemporáneos, principalmente, los que se refieren a la historia de la Conquista española.

Nuestra conciencia histórica nos revela, también, que a pesar del paso de los cinco siglos que nos separan de los actores de aquella epopeya, nos une con ellos, el hilo conductor de la misma religión y de la misma cultura.

Es por esto, que no nos es difícil encofrarnos en personajes como Hernán Cortés y sus capitanes; en Fray Toribio de Benavente Motolinía y los evangelizadores, en Bernal Díaz del castillo y los numerosos cronistas que dejaron sus memorias de aquel acontecimiento.

Como resultado de la Conquista y los tres siglos del Virreinato, los nativos americanos fueron arrancados de su oprobioso paganismo carente de toda caridad para con sus semejantes, de su aislamiento milenario y fueron puestos en la corriente de la civilización cristiana, a diferencia de lo que hicieron los colonizadores protestantes, quienes en la regiones donde se asentaron, eliminaron sin más a las poblaciones nativas.

Está claro que entre los conquistadores hubo actos heroicos, edificantes, caritativos y sombríos, características éstas, inherentes al ser humano. Que el choque que se produjo causó muchos perjuicios a los pueblos conquistados, de acuerdo, pero también España se despobló de sus mejores hijos, de los más valientes, de los más emprendedores, de los que se atrevieron a cruzar el océano tormentoso sin miedo a la muerte.

Con la Conquista española del siglo XVI comenzaron a nacer sociedades construidas sobre tierras y pueblos dispares; se ensanchó el mundo occidental poniendo los fundamentos de nuevas naciones afines a la gran cultura mediterránea greco-latina. Durante trescientos años, el Imperio español católico englobó a individuos de todas las razas humanas bajo una misma religión, un mismo idioma y una misma manera de ver la vida.

También, hay que recalcar que por trescientos años que duró el Imperio español en América, no se necesitaron ejércitos militares porque no hubo guerras. ¡Caso único en el mundo! Solamente las milicias situadas en diversos puntos del inmenso territorio mantuvieron el orden y los castillos fuertes de los principales puertos defendieron a la población de los ataques de los piratas ingleses y franceses.

La gran mayoría de los españoles que participaron en la Conquista y poblamientos del siglo XVI se quedaron para siempre en los territorios americanos y mezclaron su sangre con los nativos formando razas nuevas. De


los cientos de miles que se asentaron en el Continente, a lo largo de trescientos años, los hispanoamericanos contemporáneos somos sus descendientes.

Hay por tanto, una continuidad cultural y también genética entre los hispanoamericanos actuales y los habitantes de la España actual. La misma religión, iguales nombres y apellidos, el mismo idioma castellano, costumbres y afinidad    mental,     salidos     todos     de     la     cultura     latina     original. En cambio, esa continuidad no la tenemos con los pueblos nativos anteriores a  la Conquista, aunque en cierta medida la haya en lo genético. Para el mexicano e hispanoamericano actuales, las culturas prehispánicas son tan ajenas como para cualquier otro individuo contemporáneo.

La historia de esas culturas prehispánicas no es nuestra historia; la nuestra comienza en el siglo XVI. México no existía antes de la conquista de Hernán Cortés. Comienza a formarse en 1521 con la caída del poder culúa y la prisión de su último monarca Cuauhtémoc.

ANTECEDENTES DEL IMPERIO Y DE LA HISPANIDAD

 

EL IMPERIO ESPAÑOL

Muchos años antes de Carlos I de España y V de Alemania, durante la época visigótica en la Península Ibérica hubo uno de sus reyes que habiendo conquistado casi todo el territorio peninsular le llamaron “emperador”; siglos más tarde, en 1256-57 al rey Alfonso X el Sabio la ciudad de Pisa le ofreció el  Sacro Imperio Germánico y al año siguiente fue elegido Emperador,

pero sin llegar nunca a poseerlo. La idea del Imperio surgió una vez más con la unión de los Reinos de Castilla y Aragón en las personas de los Reyes Católicos, Isabel y Fernando, tanto fue así que el gramático don Antonio de Nebrija al entregarle a la reina doña Isabel su nueva gramática castellana y el diccionario latín-castellano llegó a decirle: “Alteza, la Lengua es compañera del Imperio”

Con la expulsión de los judíos, la derrota de los musulmanes del Reino de Granada y el Descubrimiento del continente americano por Cristóbal Colón el imperio se  concretaba,  solamente  faltaba  la  persona  que  fuese  su  cabeza.  En 1519 recayó la elección en Carlos de Habsburgo, nieto del emperador Maximiliano I de Alemania y María de Borgoña; del rey Fernando de Aragón y de la reina Isabel de Castilla.


Carlos V de Alemania fue emperador de todas las posesiones que le heredaron sus abuelos pero, siendo Rey Carlos I de España y habiendo abdicado el título de emperador en su hermano don Fernando, sus sucesores los reyes españoles nunca se nombraron emperadores de España; sin embargo, el conjunto de tierras y países gobernados por los reyes de España fueron designados como Imperio Español, y sus posesiones reinos y provincias de ultramar. El apogeo del Imperio Español estuvo entre los años de 1580 y 1640, por la inclusión en la persona del Rey don Felipe II, del llamado Imperio Portugués.

“La idea tradicional de Imperio exige que sus miembros constituyan una sola familia, unidos por el culto a un mismo Dios, la misma cultura, la misma economía”, escribió don Alfredo Sáenz. Esa fue la idea de los Reyes Católicos al recibir del Papa Alejandro VI la misión de evangelizar a los naturales de las tierras recién descubiertas y de tratarlos como súbditos, en contestación a sus dudas morales sobre los derechos de soberanía, que los monarcas españoles tendrían a partir del Descubrimiento.

Doña Isabel deja consignado en su Testamento que: “Nuestra principal intención fue, de procurar inducir los vecinos y moradores de dichas islas a nuestra santa fe Católica y enviar a dichas islas y tierras firmes, prelados y religiosos y otras personas temerosas de Dios para los instruir, los adoctrinar y enseñar buenas costumbres….” Y suplica a sus sucesores que ése sea el principal fin de la Conquista y población de las nuevas tierras.

La idea imperial estaba clara; era la compenetración de los dos poderes que durante la Edad Media habían gobernado a los pueblos de Europa dando por resultado la construcción de la Cristiandad. En el caso de la naciente España Imperial era la Cristiandad pero con sello español

La Cristiandad europea, entibiada por el Humanismo y el Renacimiento en los países europeos del siglo XV, se robustecía en los Reinos de Castilla, Aragón y Navarra libres ya del judío y del moro; verdaderos tumores extraños a la Fe y sentir de los españoles. Nacía un desconocido patriotismo imperial formado por: una sola familia poblacional, un mismo culto a Dios, igual cultura e iguales intereses económicos. A ese, antes desconocido patriotismo, hemos de llamarle HISPANIDAD.


LA HISPANIDAD

La Hispanidad va a aglutinar en un mismo ideal a los pueblos del Reino de Castilla y del Reino de Aragón tanto de la península como del Mediterráneo. Ya se puede hablar de “las Españas” o más concretamente de una sola España.

Don Carlos I de España y V Emperador de Alemania en 1519, con su elección, va a abolir


las Coronas de Castilla y Aragón para llamar a ambos simplemente España. Sus sucesores los reyes de la Casa de Austria; Felipe II, Felipe III, Felipe IV y Carlos II respetaron los fueros aragoneses hasta su derogación en 1707 por Felipe V primer rey de la Casa de Borbón.

Esta aclaración dinástica nos lleva entender el momento y la finalidad principal del país que se empeñó en la Conquista y Poblamiento de los territorios descubiertos a partir de 1492.

La monarquía, recién nombrada española, va a tener como principal motivo de las exploraciones y conquista de los territorios en el continente americano, la EVANGELIZACIÓN de los naturales y la FUNDACIÓN de pueblos y villas, a ellas, quedaron supeditadas todas las demás actividades humanas. Con este pensamiento aparecieron, providencialmente en 1519, Hernán Cortés y sus seguidores para conquistar y fundar un nuevo país: la Nueva España.

 

HERNÁN CORTÉS ES CONFUNDIDO CON QUETZALCÓATL

 

Según la fuente más antigua que se ha encontrado, “Anales históricos de la nación mexicana” escrita en náhuatl en 1528 por autores anónimos de Tlatelolco, relata en su parte final los acontecimientos que se fueron sucediendo a partir del año 13-conejo (1518) la llegada de Cortés y sus capitanes: “entonces fueron vistos los españoles encima del agua”

Año 1-caña (1519), “Los españoles salieron por el rumbo de Tecpan Tlayácac, luego apareció su Capitán, cuando ya estaban en Tecpan Tlayácac fue a darle la bienvenida el Cuetlaxteca, fue a entregarle dos soles de metal precioso, uno de metal amarillo, y otro blanco. También un espejo para colgarlo sobre su espalda, una gran bandeja de oro, un jarro de oro, abanicos, adornos de plumas de quetzal y escudos de concha de nácar”

“Delante del agua (en la playa) se hicieron sacrificios. Por esto mucho se irritó porque le daban sangre en un vaso del águila. Por esto hirió al que le daba la sangre; le dio golpes con su espada. En seguida se desbandaron en desorden los que habían ido a darle la bienvenida. Todo esto, habían llevado al Capitán por órdenes de Motecuhzoma. Había ido  a  cumplir  este  oficio  el  Cuetlaxteca”  En el libro XII de la Obra de Fray Bernardino de Sahagún basado en esas crónicas tlatelolcas cita varios relatos al respecto:

“Era como si pensara que el recién llegado era nuestro príncipe Quetzalcóatl…. Vendrá, tal vez, él para saber de su trono y su solio…. Moctecuzoma envió cinco que lo fueran a encontrar, que le fueran a ofrecer sus dones, los guiaba un sacerdote. Dicen que otra vez ha salido a tierra el Señor nuestro. Id a su encuentro….. poned buena oreja a lo que él os diga. He aquí con lo que habéis de llegar al Señor nuestro, este es el tesoro de Quetzalcóatl. Una máscara de serpiente, de hechura de turquesas. Un travesaño para el pecho hecho de plumas de quetzal. Un collar con un disco de oro en medio. Un escudo con travesaños de oro y concha de nácar”

“También la manta con que se cubre el dios con ribetes rojos, asimismo el cayado  de  Ehécatl,  curvo  por  arriba  con  piedras  preciosas  blancas….”   “A los cinco enviados dio órdenes. Haced acatamientos al Señor nuestro el dios,


decidle que os envía el que ocupa su lugar, Motecuhzoma: He aquí lo que te da en ofrenda al llegar a tu casa….”

Al decir de los informantes, el propio don Hernando dejó que los indios le pusieran todo aquello que lo convertía de hecho en una representación viviente de Quetzalcóatl, y a través de sus traductores Jerónimo de Aguilar y Malintzin pudo enterarse de la leyenda del dios que se había ido por el oriente y prometido regresar algún día. A Cortés con sus acompañantes los sahumaban con resinas quemadas, los creían dioses y a los hombres negros que traían, les llamaron “dioses sucios” y trataban de limpiarlos.

Los enviados de la siguiente embajada de Moctezuma trataron de practicar en honor de Cortés el rito de los sacrificios humanos para que bebiera de la sangre recién obtenida de alguna víctima.

El texto de Tlatelolco describe con detalle la reacción de Cortés y sus compañeros: “Cuando los españoles vieron esto sintieron mucho asco, escupieron, se restregaron las pestañas, cerraban los ojos, agitaban las cabezas. La comida estaba manchada de sangre, algunos vomitaron…”

Bernardino de Sahagún en su obra citada asienta: “Los que fueron conquistados supieron y dieron relación de muchas cosas que pasaron entre ellos durante la guerra, las cuales ignoraron los que conquistaron. Por cuales razones, me parece, que no ha sido trabajo superfluo el haber escrito los que eran vivos, y ellos dieron esta relación, y personas principales y de buen juicio, y tienen por cierto que dijeron toda verdad”

 

 

HERNÁN CORTÉS CREADOR DE LA NUEVA ESPAÑA

En su segunda Carta de Relación, fechada el 30 de octubre de1520, en Segura de la Frontera en esta Nueva España. Cortés pide al Emperador que estas tierras se llamen NUEVA ESPAÑA.

El mismo Cortés, padre y fundador, la bautizó con el nombre más apropiado no solo a sus características físicas y climatológicas, sino a la fisonomía espiritual y a la misión histórica que le estaba reservada:

“Por lo que he visto y comprendido de la similitud que toda esta tierra tiene a España, así en la fertilidad como en la grandeza y fríos que en ella hace, así como en muchas otras cosas que la equiparan a ella, me pareció que el más conveniente nombre para esta dicha tierra era llamarse La Nueva España del Mar Océano; y así, en nombre de vuestra majestad se le puso aqueste nombre. Humildemente suplico a vuestra Alteza lo tenga por bien y mande que se nombre así”

A partir de la caída del poder culúa el 13 de agosto de 1521, Hernán Cortés pone manos a la obra de organizar un nuevo país que está desarrollándose con las continuas pacificaciones, exploraciones y conquistas de más y más pueblos tierras y señoríos indígenas. Para todos los rumbos parten expediciones integradas por los capitanes antiguos y los nuevos aventureros principalmente de las islas antillanas y de España misma. El talento organizador de Cortés, quien


había recibido del Emperador el nombramiento de Gobernador, Adelantado y Capitán General, se extiende en todos los órdenes necesarios de la civilización cristiana para nutrir con las instituciones seculares españolas a  la  nueva  criatura: LA NUEVA ESPAÑA DEL MAR OCÉANO.

Se consolida y extiende la Conquista, se hacen los primeros mapas de la tierra y se   inician   las   investigaciones   geográficas   y   geológicas   del   territorio.   Se encuentra oro, hierro, cobre, estaño y azufre. Se fabrican pólvora, barcos, cañones, herrajes y armas. Se crea un parque de artillería. Se organizan fuerzas  de a pie y de a caballo y se garantiza el orden, la defensa y posesión del país emprendiendo la conquista de los otros señoríos. Se fundan nuevos pueblos y se exploran las costas y los ríos.

Grandes extensiones de tierras se abrieron a los nuevos cultivos, como la caña de azúcar y el trigo, árboles frutales y nuevas plantas, así como toda clase de ganado menor y mayor fueron llegando en los años de gobierno de Cortés. Todo lo abarcaba el genio y la Fe de Cortés. En beneficio directo de los indios, gestionó la venida de los primeros misioneros para que los evangelizaran, civilizaran, cultivaran y los protegieran. Son famosos los 12 franciscanos que llegaron encabezados por Fray Martín de Valencia, del grupo sobresale Fray Toribio de Benavente alias Motolinía. Entre los colegios que fundaron destaca el de Santa Cruz Tlatelolco, para hijos de los cacíques indígenas.

En 1524 Hernán Cortés emprende la exploración a las Hibueras, para “conocer el secreto de la tierra” y para castigar a Cristóbal de Olid por su infidelidad. Lamentablemente la expedición resultó un desastre en la que se perdieron muchas vidas y el propio Cortés estuvo a punto de morir. Fueron dos años desperdiciados. Cuando regresó, a la recién construida capital del reino, volvió a tomar el gobierno pero se le abre Juicio de residencia. En 1526 tiene que entregar la “Vara de mando” al Lic. Luis Ponce de León. A la muerte de Ponce de León, el gobierno quedó en manos sucesivas de Marcos de Aguilar, Gonzalo de Sandoval y Alonso de Estrada.

Cortés es desterrado de la ciudad de México y se marcha hacia Tehuantepec para construir un astillero y varias naves que auxilien a la Armada que García de Loaisa conduce a las islas Molucas. Esas naves sirvieron para que su primo Álvaro de Saavedra Cerón lograra llegar a las islas Molucas (Nueva Guinea) en 1527.

Hay que recalcar que a 6 años de la caída del poder colúa se construyeron barcos que saliendo de las costas del Pacífico atravesaron ese inmenso océano. Ahora, en el siglo XXI, México no tiene astilleros para construir ni un pesquero de regular                                        tamaño.

En 1528 el Emperador don Carlos V, envió instrucciones a Cortés para que viajara a España. Éste salió de Veracruz a mediados de abril cumpliendo con el mandato del monarca. También, a fines de ese mismo año llegó a Nueva España, para gobernarla, la primera Audiencia nombrada por la Corona presidida por Nuño de Guzmán de ingrata memoria, por tantas quejas e injusticias que cometió contra toda la población, incluidos a los parientes y amigos de Cortés a quienes


Guzmán arrebató todas sus propiedades y cargos que tenían desde los días de la Conquista.

Cuando Hernán Cortés regresó a Nueva España en 1530 se detuvo en el convento de Texcoco para evitar enfrentamientos con esa 1ª Audiencia, pero los oidores lo pusieron preso junto a los más de cuatrocientos acompañantes que lo habían seguido desde España. Entre agosto de 1530 y enero de 1531 murieron de hambre y enfermedades más de doscientos de ellos entre los cuales estuvieron su hijo Luis y su madre doña Catalina.

El 9 de enero de 1531 entró a la ciudad de México la 2ª. Audiencia, llegó con ellos como oidor Don Vasco de Quiroga, y de inmediato libertaron a Cortés y sus sobrevivientes.

El 12 de diciembre de 1531, es el año de las apariciones de la Virgen María en el cerro del Tepeyac, hecho que marcaría para siempre a los habitantes de la Nueva España.

Cortés se instaló con su mujer doña Juana Ramírez de Arellano y su familia en Cuernavaca y se aprestó a cumplir las capitulaciones firmadas con la Emperatriz Isabel referentes a las exploraciones marítimas al océano Pacífico llamado, en aquel tiempo, Mar del Sur.

Mientras la 2ª. Audiencia gobernaba sabia y pacíficamente, Hernán Cortés desplegó una actividad civilizadora y empresarial increíble: La Audiencia le da posesión de Cuernavaca, Tehuantepec y Tuxtla y las facilidades para sus exploraciones en la Costa del Sur desde 1531 a 1539.

En ocho años organizó seis expediciones marítimas, cuatro de ellas para explorar el litoral del Pacífico norte, descubriendo las islas Revillagigedo y la Península de California hasta la desembocadura del río Colorado, atravesando él mismo en persona dos veces el justamente llamado Mar de Cortés. Sus marinos reconocieron los dos litorales del golfo y la parte exterior de la Península, tomando posesión de todas esas tierras e islas en nombre del Emperador.

Las otras dos expediciones marítimas fueron: una al Perú para auxiliar a su primo Francisco Pizarro en la Conquista de esas tierras y la otra para comerciar con Panamá.

Los astilleros de Tehuantepec trabajaban febrilmente construyendo toda clase de navíos, cuando en agosto de 1539, el primer virrey Antonio de Mendoza tomó el control de ellos y suprimió su actividad.

A principios del año de 1540 Hernán Cortés viajó a España con su hijo Martín el 2º, para responder a su Juicio de Residencia, llegando allá se entera de que no puede volver a Nueva España hasta que el juicio se resolviese. ¡Y nunca se resolvió!

No pudo regresar a la tierra de su conquista y murió el 2 de diciembre de 1547 con todos los auxilios espirituales, en Castilleja de la Cuesta, cerca de Sevilla, cuando intentaba embarcarse para reunirse con su mujer la Marquesa y sus hijas que habían quedado en Cuernavaca.


Su cadáver fue enterrado en el Monasterio de San Isidoro del Campo, Sevilla y trasladado a Nueva España en 1566 por su hijo el 2º Marqués.

Otro de los aspectos que se debe a su espíritu, y que dejó bien asentado, fue el de las instituciones de Caridad o Beneficencia. Como ejemplo, está el Hospital de la Limpia Concepción o de Jesús en la ciudad de México. En la capilla aneja al Hospital se conservan sus restos mortales. Este Hospital fue fundado por él en 1524 y desde entonces, es el único en todo el Continente Americano que no ha dejado de prestar servicios ni un solo día en 487 años.

EL VIRREINATO DE LA NUEVA ESPAÑA

Nuestro propósito de esta exposición referente al Virreinato de la Nueva España es mostrar de manera general y escueta, la importancia invaluable que para el conocimiento del pueblo mexicano tiene estudiar e investigar los tres siglos del Virreinato, cuyos valores han sido los fundamentos de nuestra historia.

No vamos a detallar la vida virreinal,

porque ya se han escrito y publicado miles de libros al respecto, simplemente haremos  un  esbozo  del  ambiente  en  que  se  movieron  nuestros   ancestros. El obispo Fray Juan de Zumárraga en sus gestiones ante la Corona recomienda a la persona ideal que debía gobernar el nuevo país: “Debe ser un hombre que por la nobleza de su alcurnia, natural prudencia y experiencia, mejor semejase a la del monarca que representaba, y pudiese poner orden, concierto y buen gobierno….” , en el año de 1535 el Rey Carlos I nombró a don Antonio de Mendoza, de una de las familias más aristocráticas de España, como primer Virrey de Nueva España (El otro Yo del Rey) como alguien acertadamente dijo. Y este fue el sistema de gobierno definitivo por casi trescientos años hasta la Independencia.

La Nueva España no era una colonia, sino uno de los Reinos que formaban el Imperio Español, independiente y al mismo nivel de los otros Reinos, solo vinculado a ellos por la Religión, el idioma y el gobierno de la Monarquía.

Ya hemos visto que el Reino de la Nueva España era gobernado por el Virrey, nombrado directamente por el Rey de España. El Virreinato de Nueva España era el de mayor extensión territorial y el más antiguo de los cuatro que se crearían con los años en el Continente americano. A éste, le seguirían el del Perú, y muy tardíamente el de Nueva Granada y el de la Plata.

Para todo el Imperio Español y en particular para Nueva España su gobernante supremo era el Rey de España. Durante los dos primeros siglos cinco Reyes de la Casa de Austria: Carlos I, Felipe II, Felipe III, Felipe IV y Carlos II. Y los virreyes fueron 32, desde 1535 a 1701.


En el siglo XVIII y principio del XIX seis Reyes de la Casa francesa de Borbón: Felipe V, Luis I, Fernando VI, Carlos III, Carlos IV y Fernando VII. Y los virreyes fueron 29, desde 1702 al 28 de septiembre de 1821.

En total 61 gobernantes locales; buenos, regulares y algunos malos, pero el Gobierno Civil se ejerció de acuerdo con el Gobierno Eclesiástico, como ya no se hacía en Europa desde el siglo XVI.

Esta sabia combinación de poderes, sin demasiadas fricciones y enfrentamientos pudo conformar una Cristiandad española semejante a la Cristiandad medieval que había creado la civilización europea, dando buenos frutos tanto materiales como espirituales; fomentando la construcción de pueblos y ciudades  donde antes había barbarie, explotando las minas y las inmensas tierras incultas, llenando nuestro territorio con obras hidráulicas admirables como los acueductos, algunos de éstos tan increíbles como el acueducto del Padre Tembleque en Otumba de más de cuarenta kilómetros de largo; aún hoy día en pié, con varios de sus arcos de los de mayor altura en el mundo.

Hay que mencionar, la construcción de caminos de la Capital hacia los litorales y hacia el interior y norte del territorio a medida que se engrandecía el país con nuevas Provincias. Muchos de estos caminos eran modelo aún para los países europeos, por su trazado y mantenimiento. La explotación de las minas de plata creo una riqueza sin precedente fomentando la fundación de grandes ciudades y acuñando las monedas que circulaban por todo el Imperio y fuera de él. Floreció el Comercio con las otras provincias continentales, con España y con el Asia hasta donde llegaban las naves construidas en Nueva España; desde aquí se preparó la Conquista de las islas Filipinas y por medio de las naos hubo comunicación          con                     ellas                     hasta                     1815.

El Virreinato permitió y promovió la evangelización y civilización de los naturales trashumantes con las Misiones y los Presidios para proteger los nuevos asentamientos, de los indios bárbaros. Se fundaron todas las ciudades principales de lo que ahora es México.

Desde la ciudad de México se administraban territorios tan lejanos como las Floridas, oriental y occidental, el Nuevo México, la Alta California, toda Centroamérica y las numerosas islas filipinas.

El Virreinato novohispano, con los defectos inherentes a toda obra humana, mantuvo a los pueblos en paz, sin ejércitos porque no hubo guerras, solamente las guardias del Virrey y las Milicias eran necesarias para mantener el orden y sofocar alguna esporádica rebelión.

No obstante las calumnias de los extranjeros, la Iglesia y la Monarquía, desde los primeros años del Descubrimiento y Conquista del continente, se preocuparon constantemente no en proclamar o reivindicar derechos de los súbditos, sino en exigir la observancia y cumplimiento de los deberes de los descubridores, conquistadores y pobladores en sus relaciones con los naturales, plasmándolos en sabias y prudentes leyes y vigilando escrupulosamente su cumplimiento, lo cual lograron con las excepciones inevitables por la caída naturaleza humana. Las


ideas fundamentales que los Reyes Católicos y su Consejo tuvieron para el trato con los indios se condensaron en el código llamado “Leyes de Indias” que rigió la vida de los nativos americanos en los dos primeros siglos virreinales.

 

 

ORGANIZACIÓN DE UNA NUEVA SOCIEDAD

 

Hernán Cortés había fundado el primer Cabildo o Ayuntamiento de lo que sería la Nueva España entre el 15 y 25 de mayo de 1519 y con los títulos de Capitán y Justicia mayor gobernó los años 




cruciales de la Conquista fundando Veracruz, Medellín, Segura de la Frontera (Tepeaca), Coyoacán y la ciudad de México, dotándolas de cabildos para su gobierno y defensa. Muy

importante fue ésta por la precaria seguridad de las continuas conquistas y descubrimientos que los capitanes hacían, por su mandato, hacia todos los rumbos de los nuevos territorios.

El historiador don Carlos Martínez Marín escribe en su investigación sobre el tema escribe: “El gobierno de Cortés que duró hasta el 22 de diciembre de 1524, se ocupó de la expansión de la Conquista y su consolidación, el repartimiento de la riqueza mueble e inmueble, de las encomiendas y mercedes de tierras y de la introducción a Nueva España de semillas, frutos, cultivos, herramientas y nuevas técnicas de construcción. Además, reglamentó todos los aspectos de la vida política, con ordenanzas para los Consejos, para los moradores y para la milicia”

Después vinieron cinco años de malos gobernantes incluida la 1ª. Audiencia, a continuación  la  2ª.Audiencia  con   cuatro   años   de   buena   administración.  A partir de 1535, con la llegada del primer Virrey don Antonio de Mendoza y los siguientes virreyes, se completó y ajustó lo que se había conquistado en tiempos de Cortés. Se introdujeron en los pueblos de indios los cabildos tal cual ya funcionaban en las villas de españoles y se fue centralizando el poder del Monarca en los territorios americanos. A pesar de la lejanía, este sistema fue lo suficientemente eficiente durante los tres siglos del Virreinato.

“El Virrey era el astro mayor en el gobierno de Nueva España. Su jurisdicción abarcó un inmenso territorio que desbordaba los límites del Reino: desde la Florida en el noreste y Nuevo México en el noroeste hasta la península de Yucatán y la capitanía general de Guatemala, que limitaba con Panamá en el sur. Sus atribuciones eran amplias, todas las que el Rey había delegado como su representante personal: gobernador; presidente en los acuerdos con los otros Cuerpos, capitán general en lo militar y vice patrono de la Iglesia. Pero


observando las condiciones en que el Virrey tenía que desenvolverse encontramos los límites de su autoridad”

“Esas amplias facultades de gobierno le permitían atraerse a débiles y poderosos, pues podía otorgar mercedes de tierras como recompensa a servicios personales, conceder pensiones a las viudas e hijos de los conquistadores, nombrar autoridades locales” etc.. Al mismo tiempo sus actos eran vigilados por otras autoridades locales y por particulares celosos o resentidos, que siempre estaban en contra de lo que ordenaba y se quejaban ante la Real Audiencia u el Consejo de Indias. De acuerdo con Virrey, y en ocasiones en contra permaneció la Real Audiencia como otro cuerpo jurídico que equilibraba el poder virreinal.

Había, por tanto una pugna entre el Virrey y la Audiencia, una especie de balanceo pero que excepcionalmente llegó a romperse. Sin embargo, había un tercer cuerpo de gobierno que ni el Virrey ni la Real Audiencia podían ignorar, ni mucho menos contraponerse a él. Este era el poder espiritual que representaba la Iglesia Católica. Muy a pesar del Patronato Real que representaba el Virrey, con el cuál podía y debía ejercer su autoridad sobre el clero secular y las Órdenes religiosas.

En la realidad nunca pudieron los virreyes ejercer esta facultad, ya que los hombres de la Iglesia eran celosos en extremo y sorteaban su autoridad llevando sus quejas directamente al Rey o al Consejo de Indias.

El sistema virreinal de gobierno, con los defectos de toda obra humana, funcionó exitosamente por tres siglos para el bien general de sus gobernados; impidiendo que alguna persona o cuerpo moral abusara de su autoridad. Algo que en los casi doscientos años que llevamos de gobiernos mexicanos, supuestamente independientes, no se ha logrado.

El historiador don Pedro Sánchez Ruiz escribe en su Historia del Reino de la Nueva España:

 

 

“Los principios que garantizaban los derechos humanos fundamentales, fueron constante y escrupulosamente observados por la católica Monarquía española en todos los Reinos que constituían el Imperio, y aplicados a todos los súbditos sin distinción de razas o clases sociales,

alcanzando, a pesar el de las naturales deficiencias humanas, un grado de perfección superior a todas las otras naciones extranjeras. Firmemente establecida la autoridad que aseguraba el orden, la estabilidad, el progreso y el bien común del Imperio con sus diversos Reinos, estaba sin embargo, por el


derecho divino y natural, por las leyes sancionadas por la costumbre y por la certidumbre de cumplir su misión de velar por la salvación de las almas”

La esclavitud fue formalmente prohibida en 1530 y posteriormente por el Real Decreto de 1542 se reafirmó la prohibición bajo cualquier pretexto. El virrey don Luis de Velasco aplicó íntegramente las leyes de libertad de los indios.

 

 

LA REAL AUDIENCIA

 

Era el máximo tribunal de Nueva España, controlaba los actos de las autoridades de todo distrito, a veces de acuerdo con el Virrey y más frecuentemente de manera independiente. Su jurisdicción abarcaba todos los actos de los súbditos del Virreinato; débiles y poderosos. Deshaciendo agravios por vía de apelación, llegó a privar los efectos decisivos de las autoridades temporales y eclesiásticas. La Audiencia concedía a los vasallos del Rey provisiones para librarlos de las sanciones que les imponían los obispos. Los oidores recopilaron las disposiciones más importantes para el gobierno y administración de justicia llamado “El Cedulario de Puga”, proporcionando así el repertorio legislativo que se aplicaba en Nueva España. Después de las decisiones de la Real Audiencia sólo se podía apelar ante el Consejo de Indias.

 

 

EL CONSEJO DE INDIAS

 

Nació el 1519 como parte del Consejo de Castilla; pero en 1524 se constituyó una especie de consejo autónomo, encabezado por un presidente, bajo el cual estaban los consejeros, los fiscales, los abogados y otros oficiales, como un cosmógrafo y un cronista, encargados de reunir la información geográfica e histórica que se juzgaba indispensable para la buena administración de los reinos y provincias de ultramar.

 

 

LOS ALCALDES MAYORES

 

Los Alcaldes Mayores se introdujeron en Nueva España para que se hicieran cargo de la administración de justicia, lo cual era de su especial incumbencia en la Península Ibérica. Sus decisiones eran apelables ante la Real Audiencia, y en lo relativo al gobierno quedaban bajo la autoridad  del Virrey, aunque los nombramientos eran dados por el propio Rey. “Los Alcaldes Mayores, a parte de lo jurisdiccional, sus facultades administradoras se extendían a todos los aspectos de la vida: recolectaban el tributo de los indios, vigilaban a los encomenderos a los encomenderos, disponían sobre caminos y transportes, cuidaban de la moral pública y de la religión e intervenían como representantes de las autoridades centrales, en el gobierno local de las ciudades y villas de españoles y de los pueblos


de indios” Con los Alcaldes Mayores trabajaron de común acuerdo Los Corregidores.

Los Corregidores se introdujeron para atender la administración de los pueblos de indios que no estaban encomendados, es decir, que tributaban directamente a la Corona.

 

LOS VISITADORES

 

Para controlar a los funcionarios públicos, desde la persona del Rey y su Consejo Real hubo dos medios principales: uno de fiscalización y otro de enjuiciamiento.

“La visita se encargaba a un funcionario especial, que se trasladaba a los diferentes Reinos de ultramar y recorría la tierra recabando información y quejas existentes sobre la actuación del Virrey, de la Real Audiencia y de todos los magistrados, de lo que el visitador debía dar cuentas al Consejo de Indias.”

 

EL JUICIO DE RESIDENCIA

 

Al concluir el desempeño del cargo, los virreyes y los oidores tenían que rendir cuentas, a esta acción se le llamaba “Juicio de Residencia”.

La persona en cuestión así se tratara del Virrey, Arzobispo, Obispo, Oidor y quien hubiese ocupado algún cargo público, debía salir de la ciudad de México donde se ventilaban los juicios y pagar una fianza determinada.

En el caso específico del gobernante de Nueva España, Virrey o del presidente de la Audiencia, una persona era especialmente designada y con el conjunto de los oidores se encargaban del Juicio. A continuación se abría un período de acusación o proceso a todo aquel que hubiese gobernado, y se pregonaba por todo el reino, y para quienes tenían quejas del Virrey o del Oidor procesado acudieran a informar.

Concluido el período de información el Juez sentenciaba. Era la Residencia un verdadero juicio de responsabilidad para los más altos funcionarios, que también se seguía para las autoridades distritales cuando eran suspendidas en sus cargos. Estos medios de fiscalización y enjuiciamiento sirvieron para atenuar y muchas veces para sancionar con rigor la arbitrariedad de las autoridades tanto altas como inferiores.

“Conocer estos procedimientos judiciales, pues por muchos que fueran los males y sus persistencias, hay que tener en cuenta que es posible conocerlos para

juzgar en nuestros días el período virreinal”

“Precisamente porque estuvo abierta la posibilidad de informar y de quejarse a autoridades superiores empeñadas en lograr, el buen gobierno de Nueva España; medios de queja efectivos, que regímenes posteriores se han encargado de eliminar o de hacer inoperantes” Escribe don Andrés Lira.

“Hubo siempre el propósito de recoger y sistematizar las experiencias del gobierno, no solo de Nueva España, sino de todos los dominios españoles del Nuevo Mundo. Las mayores obras en este sentido son: en materia jurídica, LA POLÍTICA INDIANA de Juan de Solórzano Pereira, publicada en 1647. En


legislación, LA RECOPILACIÓN DE LEYES DE LOS REINOS DE INDIAS,

publicada en 1680, estas obras son un repertorio vivo de la vida social y política del Imperio Español, frutos del enjuiciamiento y del afán de idear medios óptimos para el buen gobierno de pueblos y lugares tan diversos.”


 

 

LA IGLESIA CATÓLICA DE NUEVA ESPAÑA

 

El Regio Patronato Indiano consistía en diversos privilegios que la Santa Sede había concedido a los Reyes Católicos, Isabel y Fernando y a sus sucesores, en relación a los descubrimientos americanos. El papa Alejandro VI en sus bulas “Inter caetera” en 1493 y otra en 1501 así como la del papa Julio II en 1508, por la donación que hicieron a los monarcas españoles de las islas y Tierra firme, para que evangelizaran a sus habitantes y a erigir iglesias. Al rey de España se le consideró patrono y al virrey de Nueva España vice patrono. La obligación de los reyes era evangelizar a los indígenas, autorizar y organizar misiones, costear los gastos, proponer a las personas de la jerarquía desde obispos y canónigos hasta capellanes, y percibir los diezmos reteniendo una parte de ellos. Construir desde una catedral hasta la más humilde capilla. Las sentencias de los tribunales eclesiásticos podían ser revisadas por funcionarios de la Corona, también podía fiscalizar las bulas y breves papales. Por su parte la Santa Sede se limitaba a confirmar y aprobar lo que decidía la Corona. Todo esto era por el hecho de ser  el Imperio Español la espada del catolicismo en su lucha contra los protestantes. El Concilio de Trento fue de hecho un “concilio español”.

La Iglesia Católica en Nueva España fue uno de los dos pilares creadores y civilizadores del nuevo país. Para la formación de México fue indispensable y sus frutos fueron los mayores por la conversión de los paganos a la Doctrina de Cristo. En los trescientos años del Virreinato moldeo la mente del pueblo en el temor de Dios el Creador, instituyo la caridad para con los semejantes motivando la construcción de innumerables Casas de Beneficencia, Hospitales, Monasterios y Conventos y Casas de Instrucción, Templos y Catedrales que se llenaron de obras de arte invaluables, demostrando con ello el nivel de civilización y cultura alcanzado por las clases altas y medianas de la sociedad.

Después de doscientos años de revoluciones y robos, expolios y destrucción en los siglos XIX y XX, del rico patrimonio virreinal, se pueden ver aún muestras


de tal riqueza. Sería labor de cientos de libros de Arte, recopilar imágenes de lo que  todavía  se  puede  encontrar   a   lo   largo   y   ancho   de   nuestro   país.  La Iglesia Católica en Nueva España comenzó con los clérigos que llevó Cortés consigo en su Conquista; Fray Bartolomé de Olmedo y el padre Juan Díaz; luego fueron llegando muchos a medida que se iba consolidando ésta.

Las primeras Diócesis fueron: la Carolense en 1518 con el obispo Fray Julián Garcés, la de México con el obispo Juan de Zumárraga, la Michoacán con el obispo Vasco de Quiroga y la Chiapas con Fray Bartolomé de las Casas.

Atendiendo a repetidas instancias de los colonos y pobladores de Nueva España, el Rey don Felipe II creó el Tribunal del Santo Oficio en Nueva España y otro en el Perú, por real cédula del 25 de enero de 1569 y comprendía todo el Virreinato de Nueva España e incluía a las Islas Filipinas, Guatemala y el obispado de Nicaragua, el Tribunal de la Inquisición se asentaba en las mismas bases del de España.

En los tres siglos del Virreinato y de los territorios del continente se sucedieron miles de clérigos de todas las jerarquías dejando la Iglesia perfectamente asentada y preparada para afrontar los ataques de los revolucionaros angloamericanos y franceses que queriendo destruirla solamente la hirieron aunque no de muerte.

 

 

LOS COLEGIOS Y LA EDUCACIÓN

 

Fray Pedro de Gante

Fray Pedro de Gante, tío del emperador Carlos V, ha sido considerado sin discusión como el más antiguo  educador  de  la   niñez   indígena. También Fray Pedro de Gante y Fray Juan de Tecto fundaron en Texcoco la primera escuela hacia fines de 1523. No solamente la Doctrina, sino a leer y escribir en latín, tañer instrumentos musicales y labores manuales. Y el 1526 fundaron el Colegio de San José de los Naturales que llegó a tener cientos de alumnos siendo una verdadera Academia de  artes                     y                     oficios.

El Imperial Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco fue fundado en 1536 por las mayores autoridades de recién creado Virreinato; don Antonio de Mendoza, Fray Sebastián Ramírez de Fuenleal presidente de la Real Audiencia y Fray Juan de Zumárraga el primer Obispo de la ciudad. Y sirvió a la educación superior de los jóvenes que 15 años antes habían nacido en el                                                                                                                          paganismo.

Pronto la ciudad de México y otras poblaciones importantes como Guadalajara, Puebla, Pátzcuaro, Valladolid, Oaxaca y Tepotzotlán contaron con muchos monasterios y colegios para todas las clases de la población. Llegaron a Nueva España  las  otras  Órdenes  religiosas,  los  agustinos,  dominicos  y  jesuitas. Los


Jesuitas a poco de su llegada fundaron el Colegio de San Ildefonso. Lo que sería Real y Pontificia Universidad de México se fundó en 1551 casi al mismo tiempo que la Universidad de Lima, Perú.

Para ejemplo de lo que debía ser un maestro de cátedra.

Cuando éste obtenía una Cátedra por cuatro años; debía pagar derechos, hacía el juramento de desempeñar bien su cargo, prometiendo observar una conducta retraída, NO ASISTIR a bailes, teatros, vítores ni a otros espectáculos, como manifestaciones públicas ni corridas de toros.

Hacia fines del siglo XVI el Virreinato de Nueva España presentaba el aspecto de un Reino cuya civilización y cultura iban en aumento y en expansión. ¿Qué otra nación europea podía presentar ante el mundo tales logros con sus posesiones ultramarinas?

 

 

INSTITUCIONES DE CARIDAD Y HOSPITALES

 

Ya mencionamos antes que el primer Hospital de la América continental lo había fundado Hernán Cortés en 1524 y que hasta la fecha, principios del siglo XXI sigue funcionando. A partir de entonces se irían fundando muchos más en las ciudades y villas de todo el Imperio Español de América. Se necesitaría todo un extenso tratado referir la creación y funcionamiento de las Instituciones de Caridad y Beneficencia solamente en Nueva España.

 

LA AGRICULTURA, GANADERÍA Y LAS MINAS

 

Otro aspecto en el que Nueva España llegó a ser una potencia fue la explotación del suelo, superficialmente por la agricultura y la ganadería mayor y menor, e interiormente por toda suerte de metales que el extenso territorio guardaba en sus entrañas. Principalmente las minas de plata dieron fama de riqueza a Nueva España propiciando la fundación de las ciudades de Zacatecas, Taxco, San Luis, Guanajuato, Chihuahua y muchas otras menores.


LA ARQUITECTURA, LAS ARTES, LAS LETRAS Y LA CIENCIA

 

Arquitectura Colonial en México

Varios tratados nos llevarían a escribir, sólo mencionando, cada una de estas materias. Para las personas interesadas en estos rubros vamos a citar una lista bibliográfica de los más  importantes. Para la Arquitectura: “El arte colonial en México”: Manuel Toussaint. Para las Artes: “El arte en México durante el Virreinato”: Manuel Romero de Terreros. Para las Letras: “Letras de Nueva

España”: Alfonso Reyes. Para la Música: “Música y músicos de la época virreinal”: J. Estrada. Para la Ciencia: “La Ciencia en México”: J. Bravo Ugarte. y Enrico Martínez, cosmógrafo e impresor en Nueva España”: Francisco de la Maza

 

EL SIGLO XVIII, LA NUEVA DINASTÍA Y LAS NUEVAS IDEAS

 

Los siglos XVI y XVII habían sido el tiempo de la Conquista, nacimiento y consolidación del nuevo país llamado por Hernán Cortés Nueva España, doscientos años de implantar a pueblos paganos una Cristiandad al estilo español, la Fe en Cristo, llevada a un punto tan alto, como la alcanzada por la Europa de la Alta Edad Media por santos evangelizadores que habían recorrido lejanos territorios fertilizándolos con su trabajo, sangre y muchas vidas, trocando en civilización cristiana la oscura barbarie.

El siglo XVIII del Virreinato de la Nueva España requiere una exposición muy extensa para tratarla en esta referencia. Solamente hay que recalcarla como una época de grandes contrastes sociales, políticos y económicos.

La evangelización y civilización de los indios bárbaros se comenzó pero no se terminó, continuaron las exploraciones sin conquista, convertidas en exploraciones “científicas” que tomaron notas de lo recorrido en el litoral del Pacífico y en interior del continente, pero sin establecerse. Tres exploraciones tocaron el litoral de Alaska hasta el grado 61 dejando constancia de dos lugares: Córdoba y Valdés, anotando de que los rusos se habían establecido ya. Se levantaron   los    mejores    mapas    de    que    dispusieron    los    científicos.  La Medicina alcanzó los niveles de Europa y el rey Carlos IV mandó la vacuna contra la malaria en 1804 con el Dr. Fco. Javier Balmis. Todos los adelantos de  la Ciencia europea llegaron a tener su representación en el Virreinato. De igual manera, las corrientes artísticas de Europa llegaron con maestros tan completos como Manuel Tolsá. Las principales ciudades se pusieron al día con palacios, edificios civiles y templos del Neoclásico, estilo en boga. Se construyeron


nuevos caminos y reforzaron los antiguos. Sin embargo se descuidó la educación del pueblo que no tuvo acceso a lo más elemental.

 

 

LA DINASTÍA FRANCESA DE LOS BORBONES

 

Al finalizar el siglo XVII el último Rey de la Casa de Austria, don Carlos II, débil, enfermo su cuerpo y sin haber tenido descendencia, pero con la mente lúcida, se da cuenta de que estaba por finalizar con él la dinastía de su estirpe. No había ya, ningún heredero o heredera a quien dejar la Corona ceñida por los Reyes Católicos, Carlos I y los tres Felipes anteriores. El pariente más cercano era su primo Luis XIV rey de Francia con su descendencia. En su testamento otorgó el Imperio Español a Luis de Anjou segundo nieto de Luis XIV, por esta decisión, a la muerte del último Austria, los eternos enemigos de España; Inglaterra y los Países Bajos apoyaron a Carlos de Austria como pretendiente a la Corona. Una sangrienta guerra que duró 15 años contrapuso al Imperio Español y Francia contra Inglaterra, Holanda, Austria y el Reino de Aragón. A su término España había perdido Gibraltar, todo el Imperio se había conmovido y Nueva España había visto destruida su flota en el Golfo a manos de los ingleses.

 

 

LAS NUEVAS IDEAS

 

Con la nueva dinastía francesa al mando del Imperio comenzaron a llegar las nuevas ideas, un progresivo afrancesamiento fue tomando posiciones entre la aristocracia criolla.

A lo largo de siglo XVIII y con mayor intensidad durante el largo reinado de Carlos III (1759-1788), la Nueva España recibió la influencia de los filósofos enciclopedistas e ilustrados que Francia había recibido, a su vez, de la Inglaterra protestante. Con los diversos virreyes, entre sus acompañantes fueron llegando los exponentes del Arte, la Ciencia, las Letras y la Filosofía, pero también las costumbres mundanas y licenciosas de las cortes europeas. Así como los libros prohibidos por el Santo Oficio. Clandestinamente, llegaban las obras de los precursores de los revolucionarios liberales.

Dos hechos aparentemente desconectados, pero en su origen, bien unidos, marcaron la mentalidad de la clase novohispana pensante de la segunda mitad de ese siglo: La expulsión de la Compañía de Jesús en 1767 y la independencia de los rebeldes angloamericanos entre 1775 y 1783, provocaron entre la clase criolla del Imperio Español dos sentimientos diferentes que desembocarían en su separación de mismo.

La expulsión por la fuerza de sus queridos padres jesuitas causó gran resentimiento contra la Corona y el decaimiento de la educación que la  Compañía de Jesús hacía entre todos los habitantes del Imperio. Fue un golpe del que no se recuperaría la población.


La independencia de los angloamericanos de la Monarquía inglesa se vio entre la clase criolla de todo el Imperio como el ejemplo práctico de un pueblo empeñado a seguir su propia senda. Pero sin recapacitar que los revolucionarios yanquis llevaban el Plan de Destruir el Imperio Español de América fraccionándolo en muchos países, para después colonizarlo, era ese Plan de Benjamín Franklin llamado su “Destino Manifiesto”, estaban apoyados por la unión de todos los enemigos de la propia religión y de la cultura novohispanas.

Es preciso recordar la reflexión que hizo el conde de Aranda, ministro del rey Carlos III, aludiendo a la ayuda de la Corona española a G. Washington y sus tropas. Ayuda que salió  de Nueva  España en tropas,  dinero y  ganado en pié.  El conde Aranda escribió en 1783 su carta al  Rey Carlos III en estos términos:   e firmado en París por la  orden  V.M.  un tratado  de  paz  con  Inglaterra…. La independencia de las Colonias inglesas ha sido reconocida, y esto mismo es para un motivo de dolor y de temor….por los peligros que nos amenazan de parte de la nueva potencia que acabamos de reconocer, en un continente que no existe ninguna otra en estado de contener sus progresos. Esta república federal ha nacido pigmea, por decirlo así, y ha tenido necesidad de apoyo y de las fuerzas de dos potencias tan poderosas como la España y la Francia para conseguir su independencia. Vendrá un día que será un gigante, un coloso temible en esas comarcas, olvidará nuestra ayuda. Y no pensará más que en su engrandecimiento….aspirará a la conquista de la Nueva España ese hermoso y rico país…. ¿Cómo podremos, entonces, defenderla estando él en el mismo continente y a más de eso limítrofe?

A pocos años del reconocimiento de la Monarquía española a los angloamericanos, se desencadenó la Revolución en Francia y la cabeza del rey Luis XVI, sobrino de Carlos IV, rodó en la guillotina. Éste ordenó cerrar el Imperio Español a las ideas revolucionarias sin conseguirlo, muy al contrario, fueron llegando sus agentes a todos los ilustrados del Reino incluidos numerosos eclesiásticos.

El fin de siglo y principios de XIX, el Virreinato de Nueva España experimentó un aumento sensible de la riqueza por el libre comercio con Europa y el interés por las Ciencias y las Artes. Todo parecía florecer, pero la Fe religiosa que se debilitaba y las costumbres se corrompían. Las nuevas ideas liberales habían minado la conciencia de los habitantes con el falso espejismo de la Libertad, propiciando que los ilustrados se afiliaran a la masonería y a las sociedades secretas sin saber de donde procedían y quienes movían los hilos. Para 1808, en todas las ciudades españolas del Continente se conspiraba contra el dominio español. En Nueva España, el grito de los revolucionarios de 1810 marcó el principio del final, del Virreinato, que se concretaría, el 27 de septiembre de  1821 después de una guerra civil desastrosa y sangrienta, derrumbando los valores sobre los que se había creado la Nueva España.

Esta vez, era el antiguo pigmeo convertido en poderoso, que junto con Inglaterra y Francia habían auspiciado y ayudado a los súbditos del Imperio a rebelarse; formando nuevos Estados que en poco tiempo los dominarían.


LA ESCLAVITUD NEGRA EN LA AMÉRICA ESPAÑOLA

Originalmente escrito como hilo en twitter por Francisco Núñez del Arco. Cualquier modificación (incluyendo enlaces) es responsabilidad del Embajador de Wikonga en Ecuador, Diego Ramos Flor.

 

La esclavitud y no solamente la esclavitud africana negra, sino la esclavitud de europeos por europeos fue muy usual en el Viejo Mundo.

 

Recordando el caso de los millones de esclavos irlandeses que fueron traídos a América por Inglaterra, así como de otras partes del Viejo Continente, en especial del este europeo, y recordando que la esclavitud no era un patrimonio exclusivo de la Monarquía Hispánica, claro, la cual por cierto reconocía la esclavitud blanca (moriscos entre aquellos) en sus leyes de Indias, que se produjo a pesar de, y no por y para, la Monarquía.

 

Los principales comerciantes de esclavos eran judíos portugueses y holandeses, aliados de los mercaderes árabes de esclavos: «Es más: por sanciones de su propia etnia, o como prisioneros de las guerras tribales, se inicia, a principios del siglo XVI, un comercio negrero...».

 

Lo anotaba Dessins de Chard. Recuérdese también que fue el propagandista las Casas el que recomendó traer negros a América para no esclavizar indios, según su criterio tan peculiar.

 

El Estado Hispánico ante hechos consumados, proporcionó legislación, que les daba tiempo y medios para obtener ganancias para su liberación.

 

En algunos lugares del Imperio fue tal la consideración que se les dio los esclavos que estaban equiparados con aparceros cuya obligación con el amo quedaba limitada a tiempos de cosechas.

 

También vale recordar que los esclavos eran miembros de las familias más que mercancías o propiedades y que eran tratados mucho mejor que a empleados; testimonios los hay y muchos, considerando además que por ser propiedad cualquier perjuicio de estos iba contra sus propietarios también, sin justificar la esclavitud por esto de ninguna manera.

 

Humboldt cuando visitó Hispanoamérica a inicios del XIX constató q sobre

780.000 negros bajo bandera española, casi el 50% eran libertos por los medios q les habían proporcionado para ello, mientras que sobre un millón de norteamericanos de origen africanos, todos eran esclavos.

 

Finalmente tuvieron un rol importantísimo en defensa de la Monarquía los de origen africano, cuyas guerrillas negras, pardas y mulatas dirigidas por un indio en Venezuela, recién se rindieron y fueron exterminadas por la república en  1845.


Para un Estado católico como el Hispánico, según lo prescribían sus bases morales, la esclavitud era considerada una institución nefasta. Tanto los Reyes Católicos como su sucesor, el cardenal Cisneros prohibieron su introducción en América.

 

Ésta sólo fue aceptada por el emperador Carlos V ante las apremiantes  solicitudes de Fray Bartolomé de las Casas, quien en 20 de enero de 1531 escribía al Consejo de Indias: »El remedio […] es éste muy cierto: que su majestad tenga por bien prestar cada una de las islas 500 o 600 negros, o los que al presente bastasen para que se distribuyan a los vecinos que hoy no tienen otra cosa (sic) indios […] Se los fíen por 3 años hipotecados los negros a la misma deuda; que al cabo de dicho tiempo será Su Majestad pagado.

 

En términos semejantes insistiría en 1557.

 

Entre tanto, tras Felipe II y el Consejo de Indias, la Corona procedía a instalar todas las trabas posibles a la importación de esclavos; llegando a quedar severamente prohibido su tráfico por Felipe IV entre 1640-51.

 

El 10 de febrero de 1795, Carlos IV, promulgaba su Real Orden de Gracias al Sacar (por ella los pardos podían ascender socialmente e ingresar a ciertas instituciones educativas y ocupar cargos públicos). Con algunas reticencias fue recibida en Ultramar, con excepción de

Caracas.

 

Paradojas de la vida, al poco tiempo de que se proclamasen en París los Derechos del Hombre, al otro lado del Atlántico, aquella decisión real ocasionó un gran revuelo en la Venezuela de fines del XVIII porque el dinero podía comprar la equiparación social de mulatos con blancos.

 

Algo que aquella oligarquía consideraba inadmisible.

 

La soberbia de Caracas y de su ya desarraigada plutocracia -con  muchas pintas de sangre negra-, en ejercicio de auto-odio, llegó hasta la amenaza a la Corona con hacer estallar aquel Imperio en donde a pesar de su dilatada existencia, todavía no se ocultaba el sol.

La Corona rechazó las ínfulas levantiscas de

la oligarquía criolla venezolana y sin duda este rechazo resultó crucial para el desenvolvimiento de la Gran Guerra Civil Hispanoamericana.


«El Rey se puso de parte de negros y mulatos y los criollos formaron el bando contrario», señalaría Jorge I. Domínguez.

 

Se supondría que de acuerdo a las rimbombantes proclamas de «Libertad, Igualdad, Fraternidad», bautizadas como «inmortales principios» por las «luces» de la revolución que estalló el 14 de julio de 1789, la abolición de la esclavitud sería un hecho.

 

Pues no fue así, siendo mantenida por la Asamblea Nacional Francesa mediante Edicto del 4 de abril de 1792.

 

Las turbias luces de la ilustración francesa fueron encendidas por personajes como Montesquieu, heraldo del naciente derecho republicano, quien en  su tratado conocido hasta el cansancio, como leído por tan pocos, El Espíritu de las Leyes postulaba: «No puede ser concebida la idea de que Dios, quien es un ser muy sabio, haya puesto un alma, sobre todo un alma buena, en un cuerpo todo negro. Es natural pensar que el color es lo que constituye la esencia de la humanidad: es imposible pensar que esas gentes sean hombres».

 

Y cuando esas mismas luces incendiaron América, no sorprende lo que Humboldt afirmaba cuando visitó la Capitanía General de Venezuela en 1799:

«Con frecuencia se ven hombres que, con la boca llena de hermosas máximas filosóficas desmienten los principios de la filosofía con su conducta; maltratando a sus esclavos con el Raynal en la mano y hablando con entusiasmo de la causa de la libertad, venden a los hijos de sus esclavos unos meses después de nacer.»

 

No debe sorprender tampoco, entonces, como la esclavitud queda  definitivamente prohibida en Venezuela, como en Ecuador, una generación después de la muerte de Bolívar (Ley del 24 de marzo de 1854 en la tierra de la

«libertad» y Decreto del 25 de julio de 1851 en nuestro país).

 

Reflexionemos unos instantes sobre el particular: ¿Si el «libertador» no nos liberó de algo tan básico como es la esclavitud, que vino a liberar entonces?

 

En el Reino de Quito durante el proceso separatista: »La incorporación de esclavos a las filas patriotas, en muchos casos obedeció al mandato de sus amos involucrados activamente con la insurgencia existieron casos en que los esclavos se rehusaron a cumplir el mandato del amo de formar parte de las milicias insurgentes, como sucedió con los esclavos Antonio Ávila, Rafael Bermudes, Antonio Benavides y otros de la ciudad de Quito que desertaron y fueron condenados a varias penas.

 

 

En 1812, con el retorno de las autoridades coloniales al poder, solicitaron al gobierno se les concediera la libertad por no haber disparado «ni una sola bala» en contra de las milicias reales. (Fin de la cita)


En el capítulo VI de mi libro “Quito fue España” detallo la participación de las poblaciones negras de Esmeraldas en respaldo al Rey, habiéndose registrado el último levantamiento en 1826 a favor de la Monarquía justamente entre aquellas.

 

Avanzando en las páginas de la historia encontraremos nombres de los negros, mulatos y pardos libres que sirvieron a la Monarquía  Española, como Bernardo Roca, mulato panameño que llegó a Guayaquil en 1765 con el cargo de tesorero de la expedición militar enviada por el virrey de Nueva Granada para reprimir la Rebelión de los Estancos.

 

Fue nombrado coronel del Batallón de Milicias de Pardos, este personaje fue el padre del presidente de la República del Ecuador, Vicente Ramón Roca y

antepasado del también presidente Alfredo Baquerizo Moreno.

 

Adenda: Los negros esclavos de las plantaciones inglesas de Norteamérica huían a los territorios vecinos del Imperio español, sobre todo a la Luisiana, pero no para escaparse de sus amos, sino de la recluta forzosa de los rebeldes fundadores de Estados Unidos.

 

Veían que tenían más protección como esclavos en el Imperio Español y bajo el mismo Imperio Británico, que como hombres “libres” al servicio del Congreso Continental de los Estados Unidos.


 

Escrito por Don Julio César Rodríguez Bustos (embajador del Reino en Colombia)

 

Contra Pedro el español (I)

 

Hemos de aclarar que pese a que esta catilinaria lleve por destinatario al señor Pedro Insua, no está en ningún momento destinada a atacar a su persona, no son argumentos ad hominem los que aquí esgrimimos. Al señor Insua no lo conocemos personalmente, y si sabemos algo de él es porque hace parte de un grupo de españoles que, en los últimos años y desde diferentes áreas del saber humano, han defendido a España de La Leyenda Negra. De Insua sabemos algo particularmente por su libro 1492 España contra sus fantasmas, libro que le ha catapultado como tertuliano en algunos programas de opinión en la televisión de España o como columnista en periódicos como El Español donde escribió justamente el artículo que es motivo de estas nuestras palabras. En este sentido no hacemos una crítica al hombre, sino a su notorio ateísmo y desprecio por el Dios de los católicos, condición que no es potestativa de él sólo, sino de algunas otras personas a quienes a través suyo también va dirigida esta catilinaria que hemos titulado, Contra Pedro el español.

I. Callan como los perros del hortelano

Siempre que se acercan las fiestas religiosas, en especial la Semana Santa, afloran los ataques y el menosprecio de los ateos contra la Iglesia y sus miembros, comenzando por el Papa, pasando por el sacerdocio y su Credo, hasta recaer en el más anónimo de sus fieles. Igual ocurre cuando una persona pública osa nombrar a Dios ante los liberales oídos de nuestros amigos los sensibles ateos. Pareciera que sufrieran de otitis divina. En ese momento se encrespan o, como escribe Juan Manuel de Prada, se ponen de uñas y comienzan a lanzar toda suerte de ataques contra quien haya sido el “sectario” que osó nombrar a Dios en un espacio público, y más si éste es un altar laico.

En cambio, si fuese una persona pública o un político o un “artista” o un “intelectual” o un “libre pensador” o un parroquiano sin credo o pachamamista o una feminista de vagina, quien se lanzara en ristre contra la Iglesia, sus representantes, sus ritos, ceremonias y Credo, inmediatamente sería aplaudida esta persona por el coro de áulicos ateos y enaltecida (porque los ateos también tienen sus altares donde llevan a cabo sacrificios y canonizaciones) como una persona culta, librepensadora, defensora a ultranza de la libertad de expresión, alta de miras, toda una demócrata, toda una artista digna de renombre, toda una feminista con pelos en el sobaco.

Empero, hay que aclarar que nuestros amigos ateos se encrespan, se despelucan, les hierve la sangre, se ponen las uñas y exudan hedor vaginal, no cuando se habla del “Dios” de cualquiera de las cientos de miles de religiones nueva era y vieja era que hoy pululan, entre ellas, por ejemplo, la sacrosanta religión de la dichosa pachamama. ¡Ay de aquel mortal impío que llegue a mofarse de esta divinidad! La muerte, apedreado, empalado o por lapidación pública nos espera. Da la casualidad que el Dios que les produce escozor a estos librepensadores es el Dios, sí señor Insua, es el Dios de Abraham, y también el Dios de Jacob, quien, recordemos, viera aquella escalera que llega de la tierra al cielo, y por cuyas gradas suben y bajan los ángeles de Dios, y en cuya cima se apoya el mismísimo Señor. El Dios de Moisés, el Dios de David, el Dios de la Iglesia Católica fundada sobre piedra por Cristo mismo, por Dios hecho hombre, por la segunda persona de la Trinidad; es este Dios, el Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, es este Dios el que no soportan que sea nombrado, señor Insua, al que no soportan que alabemos y demos gracias, y mucho menos que le pidamos misericordia o que santifiquemos públicamente su nombre. Es este Dios el que usted, señor Insúa, usted y sus pares ateos abominan. ¿Y, sabe por qué, señor Insua? ¿No sabe por qué? ¿O se hace el que no sabe? Se lo diré, señor Insua: porque ese Dios que usted y sus semejantes abominan, es el único Dios Verdadero. El creador del cielo y de la tierra, de lo visible y de lo invisible; el creador de nuestros padres, de los suyos y hasta de usted mismo y de toda la caterva de ateos, señor Insua.

Si oyesen dar o pedir gracias por ejemplo a Alá o a Yahvé desde la tribuna del laicismo, seguramente nuestros amigos los ateos callarían como los perros del hortelano que no comen ni dejan comer, porque son soberbios y altaneros tanto como cobardes y pusilánimes. Saben que el día que ello sucediera en la tribuna de un Congreso de cualesquiera de los países donde los ateos viven muy orondos, quien osara cuestionar el nombrar despectivamente al Dios de los musulmanes o al Dios de los judíos, quien se despeinara por ello, quien cuestionara dicha “osadía sectaria” o la despreciara, quien se solazara como cerdo en chiquero ante las masas con una icónica y vaginal “obra de arte” con la cual mofarse de la fe de los musulmanes o de los judíos, quien así lo hiciese tendría sus horas contadas, tal cual como ocurriría en cualquier régimen comunista con quien no aplaudiera al unísono, por ejemplo, la cháchara de un Stalin o de un Kim Yun Sun. Estos ateos, estos librepensadores, estos artistas de oropel podrían darse por muertos. Pero en estos casos, porque en estos casos sí son todos un ejemplo de prudencia y de respeto hacia la libertad religiosa, callarían como los perros del hortelano que no comen ni dejan comer. Los simios con pantalones como buenos primates que son, saben bien a qué palos trepan.

Pero como es el Dios de la Iglesia Católica, el Dios de los católicos, el Dios de muchos españoles de hoy, de ayer y de mañana, a este Dios uno y trino sí se le puede y, es más, se le debe despreciar e infamar como imperativo o ley atea, para el bien y progreso de la humanidad y de sus muy liberales instituciones. Son como las guerrillas criminales de hispanoamericana: nos matan por nuestro bien. Nada nuevo. Ya el amigo de los afrancesados españoles, el señor Voltaire llegó a afirmar: “Si queremos progresar hay que acabar con la Iglesia”; la Iglesia Católica por supuesto, no la del pastor Pedro el español de la esquina. A esas “iglesias”, por el contrario, hay que apoyarlas por la “libertad de culto” que llaman, pero sobre todo (aunque no lo dicen, porque callan como los perros del hortelano la verdadera razón que se esconde bajo el cieno de la “libertad de cultos”) porque esas “iglesias” minan la credibilidad y los derechos de la Iglesia de Cristo, a su vez que le roban al Vicario y a sus pastores, los corderos y ovejas que por mandato divino es su deber apacentar.

El antiespañolismo propio de La Leyenda Negra ha enraizado en muchos de los llamados intelectuales españoles, más bien afrancesados, germanófilos, añorasoviéticos, marxistas de cobija, hollywoodenses, los cuales se dicen defensores de España, pero cuando se trata de hablar con veracidad del papel fundamental de la Iglesia Católica, orgullosamente española, en la historia de España, se arrugan, se avergüenzan, se esconden, evaden el tema, hacen malabares, se rasgan las vestiduras, se hacen los ingeniosos, mientras callan, como los perros del hortelano que no comen el pan ázimo ni quieren dejar que nadie lo coma, la verdadera raíz de La Leyenda Negra y del odio que se ha propagado hacia España en los centros de enseñanza desde hace siglos, en los libros de “historia”, en novelas y tragedias, en óperas y libelos y, últimamente, hasta en los platos de los programas televisivos, los verdaderos “educadores” de las últimas generaciones de simios con pantalones, término muy acorde con nuestros tiempos, y que utilizaba C.S. Lewis para referirse al hombre moderno, ya que no al postmoderno.

Este odio cainita que algunos sienten por España se debe a que España fue el Reino Católico (sí, Católico, señor Insua, señor Pedro el español) que cumplió por Providencia Divina el mandato de llevar la Palabra de Dios hecho Hombre a todos los pueblos: “Id, pues, y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” (Mt. 28:19) Amén. Esa fue la misión que por destino le fue concedida a España, una misión que empezó en Cesaraugusta, cuando la Virgen María, Madre de Dios, aún en vida, se le apareció sobre un pilar al Apóstol Santiago y lo consoló con su manto de amor. Si España no hubiese sido defensora de la Fe de Cristo, azote de herejes y vencedora de infieles; si en sus gestas sin igual, envidiadas hasta el rechinar de dientes por sus enemigos, sólo hubiese llevado consigo la Espada mas no la Cruz; si hubiese propagado por el mundo herejías y blasfemias; si no hubiese promulgado Las Leyes de Burgos y, en cambio, hubiese exterminado a los nativos de Las Indias como a bestias, para poder “progresar” tal cual como fuera la invitación que hiciera el muy liberal y protohombre de los Estados Modernos, el señor George Washington a los Padres Fundadores; si así hubiese sido, seguramente los enemigos de España -que son los mismos enemigos de Cristo, los creadores y propagadores de La Leyenda Negra, unos altaneros y confesos herejes e infieles- sus enemigos de siempre la hubieran recibido de brazos abiertos entre la organización de naciones bienamadas; la tendrían entre los suyos y la considerarían digna de todas las loas y alabanzas terrenales… Pero gracias a Dios España, sí señor Insua, España es y será siempre despreciada por la cuadrilla de usurpadores, de esclavos y correveidiles del padre de la mentira.

Es más, señor Pedro el español, deberíamos sentirnos como hijos de España que somos, orgullosos de ese desprecio y odio que hoy se denomina en algunos cenáculos académicos e históricos hispanofobia o antiespañolismo. Pero en vez de ser así, señor Insua, estos intelectuales de pacotilla que usted bien conoce y que se dicen defensores de España, enceguecidos todos por el adoctrinamiento sectario del ateísmo, en vez de hablar como lo harán las piedras, callan como los perros del hortelano que ni comen ni dejan comer, esta verdad que nunca se ocultara bajo el sol. En vez de ser así, señor Insua, nuestros amigos ateos se pavonean mientras ladran aquí y acullá abominaciones contra el Dios uno y trino, en un alarde de autosuficiencia y cinismo muy propia de esa soberbia demoníaca que se dice libre del influjo de la Ley Divina, destinada ésta, según ellos (no usted, señor Pedro el español) únicamente para gentes iletradas e incultas, para esos “rebaños” de ignorantes que, por sí mismos, no piensan y que, por ende, nunca llegarán a ser iluminadas por la muy castiza luz de la “Diosa Razón”.


 

Escrito por Don Julio César Rodríguez Bustos (embajador del Reino en Colombia)

 

Contra Pedro el español (II)

 

II. Vuelve la burra al trigo

Podrá uno negar o no la existencia de Dios, pero lo que no se puede negar es la diferencia entre la pluma de ganso del novelista Juan Manuel de Prada y la pluma de guachinango del intelectual Pedro Insua, otro Pedro el español más. ¡Sí!, no se extrañen ni se asusten. No es nuestra intención escandalizar. Como dijera Su Muy Católica Majestad, el Rey Felipe II a los herejes: “Sosegaos”.

La experiencia, la cual para muchos filósofos y hombres de ciencia es la luz de la razón, demuestra que en España hoy por hoy hay más de un Pedro el español. Se les ha visto envolver su prepotencia con pantagruélicas banderas españolas, bien sea de tela o de papel. Se les ha visto publicar libros de dudosa autoría donde posan de intelectuales, defensores y adalides de España, la de ellos: un remedo infecto de ideas trasnochadas e impotentes. Pero la verdad es que, con sus ampulosas egolatrías de papel o de tela, lo único que defienden es a sí mismos. Son lobos sedientos por medrar y por hacer parte de la historia a costa de tergiversar la historia de España y de intentar destruir a España. Memoria histórica sin memoria y sin historia, acomodada a los intereses de sendos discursos sectarios de, por ejemplo, un Pedro el español socialista (lo que entienda él y sus correveidiles por socialismo, aunque en verdad eso es lo de menos para ellos: les basta con nombrar no con significar) y de otro Pedro el español ateo con sendos resultados: neguemos la existencia de Dios, el resto viene por añadidura, esto es, la caterva de ateos, quienes, en la negación de la veraz naturaleza del Hombre, se afirman. Ignoran y pretenden que los demás ignoremos, para acomodo de su discurso altanero, que el hombre es una criatura mística que al nacer mística, muere también como mística, tal cual como escribiera Chesterton en las razones tanto divinas como humanas que le llevaron a su conversión.

Sí, G.K. Chesterton, señor Insua, otro más, entre otros tantos, que apenas dio para novelista y, para mayor desgracia vuestra, otro más que apenas dio para católico. Usted sabrá perdonarlo, aunque, como ateo confeso que es, creo que respecto de dar o pedir perdón usted poco o nada sabe. Este don es más bien potestativo de nos, los católicos, quienes tenemos por mala costumbre recurrir a la misericordia de Dios y ante nuestro prójimo, para pedir perdón por nuestros pecados, tanto de pensamiento, palabra, obra y omisión. “Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa”. Los católicos, estimado señor Insua, nos confesamos pecadores tal cual como Agustín, el santo de Hipona, se confesara. ¿Otro novelista más? Usted, señor Insua (perdón le pregunto) ¿ha escuchado a un socialista o a alguno de sus pares ateos pedir perdón a Dios o al prójimo alguna vez? ¿Sería imperdonable si así lo hiciesen? Seguramente no tendrían perdón de Dios, porque no existe, ni mucho menos de la pachamama que sí existe, si tamaña impertinencia hiciesen, y menos aún si este mea culpa fuese en público y desde (cito textualmente, la perorata no es mía) “la tribuna de una institución que representa el poder civil -completamente independiente (soberano) del poder eclesiástico-”. ¡Tamaña profanación! ¿¡Quién el sacrílego? ¡Qué le corten la lengua o que se la pongan de corbatín! Entre los Pedros ateos y/o socialistas, hay leyes no escritas que no se pueden incumpril. Quien así lo hiciese, sea anatema.

En la España prototipo socialismo y ateísmo siglo XXI, hay más de un Pedro el español que en vez de ser para España luz en estos tiempos, embarulla y confunde los tiempos como escribiera Don Luis Vives, para beneficio no de España sino de los intereses de las sectas primates que idolatran. Nada nuevo bajo el sol. Siempre vuelve la burra al trigo. Empero, es deber nuestro como católicos, recordarle a los simios con pantalón que, aunque las tinieblas siempre rechacen la luz, la luz siempre vence a las tinieblas. Ya pronto amanecerá, señor Pedro el español.

Gentes de la misma catadura moral de cualesquiera Pedro el español, ateos, socialistas, comunistas, anarquistas, separatistas, se vieron a comienzos del siglo XX como indigentes mentales recorriendo los caminos de España y de la Hispanidad. Estaban de cruzada. Nada nuevo bajo el sol. Siempre vuelve la burra al trigo. Pero antes de continuar, es deber nuestro recordar en estos momentos que la Hispanidad en su conjunto de universalidad, ha sufrido igualmente en mayor o menor grado que la España peninsular, las pandemias propagadas por unas plagas ideológicas cuya única razón de ser ha sido siempre usurpar a la Iglesia Católica el honor de ser la Madre y Maestra de España y de la Hispanidad. Su Alteza Real, la Reina Isabel la Católica, no nos dejará nunca mentir. Iguales sucesos acaecieron en la Santa Madre Rusia a comienzos del siglo XX, con la diferencia que los mismos criminales ideológicos que atentaron, se apoderaron de Rusia, usurparon el poder real y le quitaron su santo nombre, no pudieron hacer en España otro tanto. España los venció, otra razón más para añadir a la lista de motivos por los cuales es menester odiar a España; otra razón más para lanzar el odio de La Leyenda Negra en su contra; otra razón más para querer borrar de la faz de la tierra su santo nombre. Nada nuevo bajo el sol, señor Pedro el español. Siempre vuelve la burra al trigo.

Cuando Chesterton viajó a Irlanda y se involucró con sus gentes y conoció su historia y la Fe religiosa que los mantenía unidos más allá de cualquier partido político, y la cual no es otra más que la Fe en el Cristo vivo; cuando comprendió muy bien por qué los ingleses, sus compatriotas anglicanos, sentían odio por este pueblo que es católico desde antes de los tiempos de San Patricio (s.V) y al cual le debemos el uso de la letra minúscula en la Cristiandad; cuando ello hubo hecho y comprendido, Chesterton escribió unas líneas que bien se pueden asociar con España y permitirnos comprender en alguna medida por qué del odio que se siente hacia ella y cuál el verdadero motivo por el cual sus enemigos de siempre (la Inglaterra anglicana entre los primeros) han creado y difundido La Leyenda Negra entre todas la naciones y en su propio peninsular reino, como arma de destrucción masiva de España, de la Hispanidad y de la Iglesia Católica. Inglaterra, hemos de recordar, ha sido desde hace siglos enemiga de España y contraria, por cismática, a la doctrina de la unidad de la Iglesia Católica a la cual España siempre ha sido fiel. Con mucho dolor y muerte para los hijos de España, sembró en el Imperio español la división, esa enseña que siempre ha sido la señal con la cual Inglaterra ha impuesto sus intereses comerciales sobre otras naciones: cuando vemos blandir esta señal en alguno de los territorios hispanos, sabemos por experiencia propia quién está detrás de tal división. En los reinos ultramarinos del Imperio español, Inglaterra compró almas, sembró la cizaña de la división, se robó la cosecha de las doradas mieses hispánicas que durante tres siglos había cultivado diligentemente la civilización española, tanto con la espada espiritual como con la espada temporal, e impuso sobre unas repúblicas atomizadas que moldeó con la democracia y el nacionalismo a su gusto, la pezuña económica de un imperialismo que aún hoy día, dos siglos después de estas guerras civiles que enfrentaron a españoles de ambas orillas, no nos permite levantar cabeza, bien sea por ignorancia (que hay mucha) bien sea por cobardía (que hay mucha) o bien sea por traición monetaria (que hay mucha) o por malicia política y bisecular (que hay mucha). Nada nuevo bajo el sol, señor Insua. Siempre vuelve la burra al trigo.

Escribe Chesterton: “Fui descubriendo cada vez con mayor nitidez, enterándome por la historia y por mis propias experiencias, cómo, durante largo tiempo se persiguió por motivos inexplicables a un pueblo cristiano (el irlandés), y todavía se le sigue odiando. Reconocí luego que no podía ser de otra manera, porque esos cristianos eran profundos e incómodos como aquellos que Nerón hizo echar a los leones.” Que se odie por parte de sus enemigos aún hoy día al Reino de España y al pueblo español, no puede ni debe ser de otra manera; ese nuestro orgullo, más no de soberbia, sino orgullo por ser hijos fieles a la Ley Divina y, por ende, a España. Porque España, pese a que en los últimos dos siglos algunos de sus “pensadores” le han pretendido inocular pensamientos contrarios y ajenos a su ser, bien sea por traidores que son o por serviles para con los enemigos de España y, por ende, de la Cristiandad, entendida ésta, no como el cúmulo de iglesias heréticas que se hacen llamar “cristianas” para usurpar y robar privilegios que no les corresponde, sino como Iglesias fundadas sobre roca por los propios apóstoles de Cristo, como partes integrales del cuerpo místico de Dios y diseminadas por todo el orbe en unión y comunión con la Iglesia de Cristo, tal cual como fuese el ruego que el mismo Hijo, Dios hecho Hombre, hiciese a su Padre: Et ego claritatem, quem dedisti mihi, dedi eis: ut sint unum, sicut et nos unum sumus. Bien sea por acomplejados unos o por faltos de carácter otros o por amor al dinero aquellos o por cobardes estos y no defender a España y a sí mismos -que de todo hay en la viña del Señor-, o otros, más sencillamente, por ignaros primates con pantalón, pese a todos estos y muchos más maliciosos, España es y será siempre Católica. Aunque les pese a estos intelectuales, más que les duela y mientan, Señor Pedro el español, no podrán nunca ocultar esta verdad que no se oculta bajo el sol. Lo saben entre otros -y lo saben muy bien y no lo olvidan- lo saben herejes e infieles, llámense ingleses o musulmanes, liberales o franceses, socialistas o separatistas, anarquistas, ateos o comunistas… España es lo contrario a todo lo que representan sus enemigos: es profunda e incómoda también, porque no tranza con la mentira, muy a diferencia de la superficialidad y tibieza de esos ateos e intelectuales de pacotilla que, desde siempre, se ufanan de ser librepensadores, para esconder bajo el tapete de sus hipocresías el verdadero móvil de sus mezquinas peroratas: ser esclavos del padre de la mentira. Nada nuevo bajo el sol, señor Pedro el español. Usted bien sabe que siempre vuelve la burra al trigo.

Que el gobierno del Reino de España hoy haya caído en manos de quienes le traicionan, que una buena parte de la ciudadanía actual esté siendo adoctrinada con ideologías malsanas, por superficiales y ridículas, no mina en nada la naturaleza y el cimiento real de España: una tierra mariana temerosa y defensora de Dios y de la Iglesia Universal. Cuando haya llegado el tiempo de la cosecha, se separará la paja del trigo y sabremos, señor Pedro el español, qué parte de esta cosecha le corresponderá a la burramenta y cuál a la España fiel que nunca ha vendido su alma ni por pienso ni por oro. Si leyese los Evangelios, señor Pedro el español, encontraría en ellos un diálogo de última cena que reza así: Pregunta el traidor: “¿Rabí, soy yo?” Responde el Señor: “Tú lo has dicho”. Nada nuevo bajo el sol, señor Insua. Siempre vuelve la burra al trigo y el burro por el oro.

Se podrá estar o no de acuerdo con Franco, pero lo que la historia nunca podrá desenterrar en el olvido (perdón por el oxímoron) es ser reconocido como quien comandó las fuerzas que derrotaron el comunismo y la anarquía que estaban destruyendo a España en el primer tercio del siglo XX. Y esta afirmación que hacemos no es una apología al franquismo, menos aún idolatría o culto a la personalidad. Es tan solo verdad histórica. Aunque hemos de reconocer que para los intelectuales el comunismo nunca es comunismo y los comunistas nunca son comunistas. Sólo ellos, no usted señor Pedro el español, pueden decir qué es o no comunismo y quién es o no comunista. Aun cuando nunca dan una definición, siempre defienden el comunismo a ultranza de cualquiera que ose señalar los crímenes de cualesquiera de sus regímenes y de sus cabecillas de turno, como lo que son: comunistas. Sabemos por experiencia científica que los intelectuales comunistas, socialistas y/o ateos, serán siempre infalibles. Nada nuevo bajo el sol. Siempre vuelve la burra al trigo.

Cuando Bertrand Russell viajó a Rusia interesado por la implementación del comunismo que se estaba llevando a cabo en las tierras de la Theotokos, confirmó por experiencia propia que la Rusia Imperial había caído en manos de sujetos de baja estofa capaces de cometer los peores crímenes a nombre del ideario comunista. La historia muy pronto le daría la razón, aunque los intelectuales de siempre quieran ocultar esta verdad bajo el sol. Y Faulkner, viendo el inmenso campo de concentración y de exterminio de cualquier atisbo de libertad en que el régimen comunista había convertido a Rusia, afirmó que la única Rusia con la que había logrado “algún parentesco espiritual”, había sido la Rusia que “produjo” (novelitas, señor Pedro el español) a Dostoievski, Tolstoi, Chéjov y Gogol, y no sin pesar declaró que esa Rusia “ya no estaba allí”. Aunque también concluyó diciendo, con palabras plenas de esperanza, porque Faulkner siempre fue un hombre de esperanza, palabras que seguramente algún Pedro el español, que son todos, despreciará debido a su intelecto supremacista, y más por ser quien las pronuncia alguien que, como Juan Manuel de Prada, apenas alcanzó para ser novelista. Escribió Faulkner: “No quiero decir que esté muerta (Rusia); hará falta más que un estado policial para destruir y mantener destruida la práctica espiritual de los herederos de aquellos hombres”. La historia también le daría la razón a este novelista, admirador de los novelistas rusos, no así de los intelectuales soviéticos, no pocos, sino todos, que apoyaron ideológicamente la construcción de ese estado policial y criminal por comunista y ateo que fue la URSS. Nada nuevo bajo el sol. La burra siempre vuelve al trigo.

Este tipo de intelectuales de vieja pezuña, antaño apoyaron en Rusia el mismo ideario confuso y estéril que antaño apoyaron en España, y que es el mismo que ahora, en nuestro presente continuo, los intelectuales españoles, muy militantes posmodernos ellos aunque negacionistas de la posmodernidad, también apoyan: destruir la espiritualidad del pueblo español, eliminar de España todo atisbo de Fe en la Iglesia de Cristo, implantar la tan anhelada paz que sólo nos podrá proporcionar la muy esperada unión de repúblicas socialistas ateas, y eliminar de una buena vez y para siempre de la faz de la tierra, el santo nombre de España. A unos abiertamente, a otros de modo soterrado se les ha escuchado exigir -así es: exigir- en sus rabiosas peroratas, que sea proscrito e intolerado en la, por ellos llamada, vida civil y civilizada de ese Estado ideal que idolatran por ateo, cualquier dogma religioso, mientras meten en la misma cochada totalitaria y prohibicionista junto a herejes, infieles, sectas, grupúsculos, pachamamistas, brujos, sobaqueras y vulvares nueva y vieja era, al verdadero objetivo de sus muy exigentes y odiosas iras: la Iglesia Católica.

Niegan, como defensores de la libertad que son, de un brochazo sectario, la libertad que gozamos en nuestra calidad de fieles, gracias justamente a los dogmas de la Religión Católica y del Derecho Canónico: la libertad para hacer o no el bien y ser por ello premiados o castigados, tanto en la vida como en la muerte. Este nuestro Credo. “¿Quién dirá a este mundo que la única libertad por la que vale la pena morir es la libertad de creer?”, nos interpela el Cardenal Sarah. Creemos, señor Pedro el español, creemos en la vida sobrenatural, por eso el martirio se acepta como don de Dios. Para los estados totalitarios como la actual China comunista (es tan sólo un ejemplo, se podrían nombrar más regímenes comunistas) los católicos son profundos e incómodos, por eso los nerones posmodernos siempre tendrán a la mano métodos sofisticados e ideológicos para justificar expulsarnos de cualquier república comunista china (es un ejemplo) o, en su defecto, para “echarnos a los leones”. Bien puedan. Aunque antes de llegar en sus osadías y soberbias a hacerlo, es menester recordarles, señores Pedro el español, que los católicos por ser del “linaje de Abraham, nunca hemos sido esclavos de nadie” ni aún cuando hemos sido esclavos: nuestra Fe nos hace libres. Y si nos remitimos al plano del Derecho Civil y de los Derechos Humanos, seguramente para estos precursores posmodernos de los Estados Ideales donde el Hombre será por fin feliz y libre, sin Reino y sin Dios, el padre Francisco de Vitoria debe ser una anomalía atemporal, católica y además española (¡qué asco!), que es menester desenterrar en el olvido. Nada nuevo bajo el sol. Siempre vuelve la burra al trigo.

Venid, señores Pedro el español, venid, no tengáis miedo. Asomad vuestras testas, por aquí, junto con el rey Nabucodonosor. Venid y contemplad, en el horno de fuego ardiente, quién es quien danza junto a Sadrac, Mesac y Abdènigo. Venid, no seáis tímidos. Acercaos, con confianza. No seremos nosotros quienes os echaremos a los leones o al fuego eterno. Venid, señores Pedro el español, venid…


Escrito por Don Julio César Rodríguez Bustos (embajador del Reino en Colombia)

 

Contra Pedro el español (III)

III. La corrupción de lo mejor es lo peor

De la obra magna de la Literatura Española se han escrito innumerables estudios como es lógico, y ha sido sometida también a interpretaciones sectarias, que en muchos casos han sido más un descrédito para el propio Cervantes, que fiel reflejo de su genialidad y de su respeto por las leyes divinas y humanas. En el prólogo de Los trabajos de Persiles y Sigismunda el autor vislumbraba las posibles interpretaciones que propiciaría en un futuro próximo su obra, pero nos cuesta creer que en esos momentos, cuando ya Cervantes tenía puestos sus pies en el estribo de la muerte, imaginara el lodazal en el cual ciertas interpretaciones malintencionadas hundirían al conjunto de su obra, convirtiéndola en muchos casos e intencionadamente, en vez de en inapreciable por su valor como verdaderamente es, en cuestionable, irritante y, sino, hasta en despreciable. Cervantes no será el primer y último escritor del cual se apropien las ideologías, los hagan suyos y los vuelvan más sectarios que sus propios militantes. Habrían muchos nombres de escritores con los cuales ejemplarizar nuestras palabras, pero consideramos que cada uno de los lectores tendrá el suyo propio en mente, así que es inoficioso por parte nuestra dar unos nombres siendo que cada lector sabe por conocimiento de causa de qué hablamos. Bien sabemos que nuestros amigos los intelectuales, llámense comunistas, socialistas y/o o ateos, al contrario del Rey Midas, todo lo que tocan no lo convierten en oro, sino en cieno. Pienso en estos momentos en Cuba, en la Perla de las Antillas, en la cuna de la Hispanidad, presa hoy y en ruinas desde hace más de sesenta años por culpa de un régimen criminal por comunista y ateo. ¿España ha olvidado a Cuba? ¿Cuba ha olvidado a España? ¿Nos hemos olvidado de nosotros mismos? Cómo no recordar en estos momentos a Aldous Huxley cuando escribe en El joven Arquímedes: “La corrupción de lo mejor es lo peor”.

Estos añejos intelectuales, defensores invitro de todo régimen comunista, apenas encuentran un discurso propicio con el cual hacer carrera ascendente, se suben en el asnal de sus límites intelectuales y lo transforman de valioso en deleznable. Pienso en la igualdad y reconocimiento de la mujer, en el respeto y amor por la flora y la fauna, en los derechos laborales, en la empresa y la propiedad privada, en la generación de riqueza, en la libertad, en el racismo, o en la propia Leyenda Negra por ejemplo. Caen en manos de algún Pedro el español, y de ser ideas dignas de defensa y apoyo, pasan a convertirse de la noche a la mañana, y gracias a ciertos artilugios ideológicos, en propaganda sectaria y criminosa contra un otro al cual hay que eliminar: un enemigo que hay que crear y contra el cual es imperioso lanzar los chiguaguas del odio y del resentimiento secular y cainita. Y El Quijote, por supuesto, no podía ser la excepción. Muy por el contrario, y dada la importancia universal de la obra cervantina, siempre ha sido menester para los intelectuales de vieja pezuña apropiarse del discurso cervantino (y hasta del Instituto y del Premio) y controlarlo, hasta hacer decir a Cervantes lo que estos eversores interpretan como la verdad, su verdad, esto es, la mentira a todas luces. No obstante, y como escribiera Fray Josefo hace ya casi doscientos años, y en unas circunstancias históricas muy parecidas a las actuales (siempre vuelve la burra al trigo): “El error nunca puede legitimarse ni prevalecer contra la verdad y la razón, por más que se extienda y dure”. La tergiversación de la verdad, maese Pedro el español, siempre será lo peor.

Uno de los llamados tópicos literarios, transformado en ideológico y al cual con mayor frecuencia se recurre, es la famosa frase que escribiera Cervantes en voz de Don Quijote en el capítulo IX de la segunda parte: “Con la iglesia hemos dado, Sancho.” ¿Qué quiso decir Cervantes con esta frase? ¿Esconde una intención secreta, irónica, sarcástica, crítica, o es tan sólo una expresión verbal y corriente, propiciada por un hecho real ante el cual se encuentran de frente Don Quijote y su fiel escudero? Posiblemente argumentaríamos primero que todo, que estas palabras no esconden ninguna intención secreta, tal cual como afirmara Martín de Riquer entre otros estudiosos de la obra de Cervantes, y signifiquen tan sólo lo que se dice. Empero, y ante las tergiversaciones frecuentes de algunos opinadores, no está demás que nos preguntemos junto con el Dante: ¿Esta frase se’nterpretata val come si dice? Y nos hacemos esta pregunta, estimados y nunca justamente ponderados maeses Pedro el español, porque, al igual que en otros circunstancias en que se habla de la Iglesia, cuando se trata de la literatura la mala interpretación de lo mejor siempre será lo peor.

La interpretación malintencionada que se le ha dado a esta frase, en la cual se ha cambiado el verbo dar por topar, y la “i” de iglesia, escrita en su original en minúscula, trocada por la “I” en mayúscula para significar que se habla, no de la iglesia del Toboso, sino del cuerpo místico de Cristo, ha hecho que se propicie y generalice su uso de forma peyorativa para atacar a la Iglesia universal. Pero no siendo suficiente con usurpar una frase y apropiarsela para beneficios ideológicos, también algunos intérpretes queriendo trocar el día en noche, llegan a argumentar que en la frase original subyace, primero que todo, un sentido claramente anticlerical, tanto del autor (Cervantes) como de la obra (El Quijote), a través del cual el autor (no sus intérpretes) denuncia la “subordinación” de la sociedad y el Estado a la Iglesia. Y, segundo, que en la frase también subyace un anhelo implícito: la separación de las espadas temporal y espiritual, pero, sobre todo, y como fin verdadero y último de quienes así interpretan e instrumentalizan esta frase, la eliminación de una buena vez y por siempre de la vida civil y civilizada, de la espada espiritual representada en la Iglesia de Cristo. Un mundo feliz sin Dios y sin su Iglesia. Piensan, y por eso incurren en ello, estos maeses Pedro el español del ateismo y de la crítica de salón, que la eliminación de la Iglesia de la vida civil y civilizada es lo mejor, siendo como se ha demostrado en las dos últimas centurias, que está siendo lo peor de lo peor.

Sin duda alguna quienes en este sentido citan esta frase tienen una verdadera intención: menoscabar el poder de la Iglesia y, si pudiesen, hacerla desaparecer de la historia del Hombre. Muchas veces los Pedro el español lo han intentado. La historia de los últimos dos mil años está llena de momentos en los cuales la Iglesia ha sido atacada, humillada, saqueada, pero aún así se ha levantado de las cenizas o ha seguido como el arca de Noé que es, navegando en medio del diluvio universal de infamias y altanerias de sus enemigos, de toda la caterva de los Pedro el español que, como caines se mantienen errando por el mundo. Por eso esta catilinaria no va dirigida contra el vulgo del cual nos hablara Lucano o contra la clase más ignorante y atrasada, que la hay y mucho en toda sociedad, y la cual sigue a ciegas a quienes parece que saben algo como nos recordara Fray Josefo, sino contra los actuales intelectuales de vieja pezuña, disfrazados de filósofos y hasta con doctorado, harto soberbios e ignorantes como manipuladores y mentirosos. Como escribiera santa Teresa: “Todo lo que corre de la soberbia es la mesma desventura y suciedad”, estimados maeses Pedro el español.

Hace apenas menos de un siglo en España esta mesnada atacó a la Iglesia, y durante la llamada II República, libres de todo respeto y orden, azuzaron a sus esbirros para que la saquearan como antaño lo hicieran su modélicos piratas anglos o los admirados gabachos napoleónicos o, como en Rusia, las bienamadas raleas soviéticas. Masacraron, violaron y asesinaron a sus fieles, pero ni aún así la pudieron destruir y menos aún expulsar de España, porque, para rabia de sus enemigos, las raíces de la Iglesia Universal son profundas, y no serán los vientos de las modas y la novedad quienes la arranquen de las tierras donde se ha plantado y ha dado sus celestiales frutos de santidad. Estos eversores de vieja pezuña se toparon, como les gusta decir, con la Iglesia con mayúscula, y no la pudieron reducir a cenizas ni expulsar de España. Volvió a resplandecer su luz inmortal. Por eso, no está demás recordarle siempre a todos los Pedro el español, que “las puertas del Infierno no prevalecerán” (Mt. 16:18) nunca contra la Iglesia Católica, Apostólica y Romana como bien la llamamos sus devotos feligreses, entre los cuales se encuentra el fiel escudero Sancho Panza. El intento de destrucción de lo mejor, maese Pedro el español, será siempre lo peor.

Detengámonos un momento y recordemos a nuestros lectores por qué razón escribimos estas palabras. Hemos de decir que en el siguiente apartado y a la luz de El Quijote aventuraremos una interpretación de esta famosa frase, la que nos parece la más adecuada con su autor y con el contexto de la obra misma, y a su vez también como defensa de la Iglesia, motivo de esta catilinaria contra los Pedro el español, sello de la bestia siglo XXI, tal cual como Fray Josefo lo hiciera con el sello de la bestia del siglo XIX:

 ¿Cómo puedo ser yo tolerante y callar, cuando advierto, que nos quieren introducir á la fuerza en España una vana filosofía, dividiendo los ánimos, y corrompiendo la sana opinión del pueblo, que es la que constituye nuestra mayor dignidad y fuerza? No, españoles. Eso de callar, no puedo.

Sin embargo, antes de continuar hemos de aclarar que en este apartado no nos adentraremos en la biografía de Don Miguel de Cervantes Saavedra para sustentar nuestra argumentación. Bastará tan sólo recordar a los lectores y respecto del manco de Lepanto, que en vida siempre luchó contra los enemigos de España y, por ende, de la Iglesia católica, y que hizo parte de la llamada, por él mismo en el prólogo de las Novelas Ejemplares, “la más memorable y alta ocasión que vieron los pasados siglos, ni esperan ver los venideros”. Y también recordamos que antes de su muerte, Cervantes entregó su alma en manos de quien todo lo dispone, como cristiano católico que siempre fue. Negar su fe y la fidelidad de Cervantes a la Iglesia católica es hacer de él una hipócrita y bribón que hasta el último instante de su vida mintió mientras escribió. Muy claro está escrito en la epístola preliminar de Los trabajos de Persiles y Sigismunda, su testamento literario:

 Ayer me dieron la Estremaunción y hoy escribo ésta (la epístola al Conde de Lemos): el tiempo es breve, las ansias crecen, las esperanzas menguan, y, con todo esto, llevo la vida sobre el deseo que tengo de vivir.. Pero si está decretado que la haya de perder, cúmplase la voluntad de los Cielos”. Y más adelante, en el prólogo, concluye: “Adiós, gracias! ¡Adiós, donaires! ¡Adiós, regocijados amigos; que yo me voy muriendo y deseando veros presto contentos en la otra vida!

Dicho esto, a partir de ahora guardaremos en lo posible silencio respecto de la vida de Cervantes, por respeto a su memoria, y nos apoyaremos para nuestra interpretación y análisis únicamente en su obra magna. Como dijera el Divino Maestro: “Por sus frutos los conoceréis” (Mateo 7:20). El intento de manipulación de lo mejor es, maese Pedro el español, siempre lo peor.


Escrito por Don Patricio Lons (embajador del Reino en Argentina)

 

Ecos confusos de nuestra historia (La Magna Cristiandad en el origen de la Hispanidad)

Los acontecimientos en la historia argentina e hispanoamericana y en la misma historia de la España contemporánea no son muy claros y no son nada fáciles de dilucidar. Por eso nos enredamos en calificar de buenos o malos a tales o cuales personajes como si el juicio a los que ya no están entre nosotros fuese el motor de análisis en esta ciencia. ¡No perdamos el hilo de la madeja por ahí, que terminaremos perdiendo el tiempo y desgastando el cerebro que Dios nos dio! De por sí, es muy difícil ponerse en los zapatos de los actores de momentos pretéritos.

Miren, al tema lo veo de este modo; las coronas y las naciones aparecen o se gestan con un propósito. La magna cristiandad europea tenía como fin primordial llevar la luz de Dios al mundo. De ese mandato nace nuestra civilización.

Cuando Alemania e Inglaterra se separaron de Roma, abandonaron ese objetivo central que le daba sentido a sus vidas como pueblos y como naciones; se extraviaron y empezaron a sufrir por ello, en distinto grado y con escasas pausas de paz hasta el día de hoy.

Vivimos un momento que entre la actual tibieza espiritual europea y la invasión islámica, sus caracteres de identidad parecen desdibujarse. A partir de ese momento crucial de ruptura en la cultura europea del siglo XVI, que estaba definida por su fe, los reinos auténticamente católicos no tuvieron descanso, teniendo que soportar los ataques permanentes de los extraviados.

Lutero separó la voluntad civilizadora de caminar todos unidos en el Viejo Continente. Sin ese principio rector de su voluntad, Europa fue pasto de mercaderes sin más deseo y vocación que el corto plazo de sus bolsillos. Primero los comerciantes de la Liga Hanseática y luego por contaminación buena parte del resto de sus colegas europeos.

Los pueblos bajo el protestantismo volvieron a ser siervos de la gleba, en un retroceso social que todavía a principios del siglo XX se hacía patente en algunos países de Europa.

Cuando España y las Españas de América empezaron a alejarse paso a paso del centro de su objetivo como corona civilizadora, dejando como factor secundario el de ser la luz de Trento y la espada de Roma, no pudieron reaccionar ante los ataques arteros que recibían por todos lados. La Francia laica napoleónica y la pérfida Albión, la socavaron abierta y encubiertamente.

Ante esto, el rey ni pudo ni supo que hacer. No tuvo luz ni visión. Y los actores políticos americanos de aquel momento no fueron un monumento a la prudencia política sino que se presentaron y actuaron como todo lo contrario al sentido común.

Por eso, cuestionarnos si hubo Borbones buenos o malos, es quedarnos fuera del problema central. Es como analizar si tales o cuales gobernantes americanos en los siglos XIX y XX fueron buenos o malos. Estos últimos son los resultados de aquellos tiempos convulsionados que heredaron.

La cuestión es que caímos en una trampa preparada por los intereses religiosos, políticos y comerciales londinenses con un siglo de antelación, por lo menos, y de la cual hace dos centurias que no salimos. Demostrado está por estos siglos de debilitamiento y empobrecimiento, que no fue el mejor camino el separarnos en veinte países. Parece que a los revolucionarios les falló el oráculo iluminista que les prometía un Edén en tierras del Nuevo Mundo.

La identidad de nuestros ancestros no era el de ser americanos, ni respondían a los gentilicios nacidos con los nuevos estados. Ni siquiera se hablaba de América sino de Indias Orientales y Occidentales.

Si le preguntaban en el año 1800 a un habitante de cualquier rincón del territorio de la corona cuál era su nacionalidad, desde Manila en la actual Filipinas y Los Ángeles, California en los actuales EEUU, hasta Carmen de Patagones o en el Archipiélago de Chiloé en el sur de Chile, pasando por Santa Fe de Bogotá y Caracas en el Caribe o cargando un buque en el puerto de Maldonado en la provincia de Montevideo en el actual Uruguay, nadie hubiese nombrado algún adjetivo referido a su territorio, todos hubiesen respondido: “soy católico y súbdito del rey”, no había otra identidad. Eso nos otorgaba un sentido de pathos, de empatía entre nuestros pueblos españoles.

El sólido ethos; el ser era más fuerte que el tellus, así en la tierra se arraigaba fuertemente la religión como identidad de todos. El logos que nos proporcionaba la fe de la que provenía el pensamiento de nuestro ser, nos mantenía unidos. Estos conceptos encarnados en las almas de nuestros pueblos, superaban cualquier diferencia planteada por las distancias terrenales entre las administraciones españolas en las Indias y de éstas con la corte en Madrid. La identidad de origen era más fuerte que los posteriores nacionalismos liberales de los estados modernos decimonónicos ya separados de España.

¡Imagínense si en esa fecha les hubiesen propuesto partirse en veinte pedazos, la cara de asombro que habrían puesto los interpelados y la ira que habría tenido que enfrentar quien se atreviese a hacer semejante pregunta!

Hubiese sido tomada como una insolencia que habría requerido una reparación. En 1806, los gauchos de Pueyrredón gritaban: “Santiago y cierra España”, al atacar a las tropas inglesas en los pagos de Perdriel en la provincia de Buenos Aires. Repitiendo en las tierras del rey del Virreynato del Río de la Plata, el legendario grito de guerra español nacido en la batalla de las Navas de Tolosa allá por 1212 contra el ejército moro del califa Al Nasir.

Esta lucha -entre el protestantismo anglosajón y el catolicismo español- es un reflejo terrenal y político, de la lucha mística y metafísica entre el bien y el mal. Descubre a la vista de todos, la intención manifiesta del mal por destruir al katechón, al obstáculo que Dios provee al hombre para derrotar al mal y gran parte de este obstáculo, era la catolicidad española en las Indias. [1]

Comparemos las caídas de algunos imperios.

Los nativos de Indias, lucharon a brazo partido por mantenerse unidos a la corona española. En esa lucha por España participaron indios, negros, criollos y algunos pocos peninsulares. Tanto San Martín, como Bolívar, Belgrano y la mayoría de los revolucionarios en todo el continente, se quejaban del escaso apoyo popular para llevar adelante su revolución. Sólo por una violenta leva obligatoria y muchas veces con amenazas y amarrándolos con grilletes, como fue el caso de los sanluiseños, pudieron mantener soldados en sus ejércitos. Hasta hubo Granaderos a caballo de San Martín que, en el Perú, se pasaron al ejército realista escandalizados por los abusos de los revolucionarios y retomando el fuerte de El Callao. Incluso algunos de ellos abandonaron las filas de los granaderos y se fueron a España.

El latrocinio británico de las riquezas de las Españas en América fue rápido, la lucha duró décadas, incluso más allá de la batalla de Ayacucho, con milicias indígenas que seguían flameando las Aspas de Borgoña, bandera con la cual habíamos vencido tantas veces a los ingleses, franceses, rusos y holandeses y que ahora debía enfrentarse nuevamente a las huestes de la Legión Británica de Simón Bolívar que contaba con 7.500 mercenarios, marineros y espías ingleses y a los fusileros y marinos ingleses de Cochrane que estaban al servicio de San Martín. Hasta 1883 había indios realistas o que, cuando menos, no reconocían más soberano que a sus propios caciques y se mantenían en abierto desconocimiento de los nuevos gobiernos nacionales que les habían quitado sus derechos reconocidos por la corona española. Todavía hoy, sacerdotes católicos huiliches del sur de Chile, reivindican su cultura española y podemos ver indios ecuatorianos, reivindicar derechos sobre tierras, con documentación escrita y refrendada por Carlos III.

Esta lucha por nuestra identidad, resurge hoy de nuevo con iniciativas cubanas y portorriqueñas para restaurar su unidad con España como comunidades autónomas. El escritor colombiano Gabriel García Márquez lo había profetizado: “los españoles volverán, esa es nuestra identidad”, en una clara metáfora de la necesidad de reafirmar el ser español-americano, para no desaparecer en estos tiempos turbulentos de la historia actual.

En camino contrario, las trece colonias norteamericanas se independizaron en solo cinco años, pues bien afirmaba Benjamin Franklin: “el imperio inglés en América, solo había existido en la imaginación de Londres”. Esas colonias no eran una Inglaterra trasplantada al Nuevo Mundo, eran otra cosa, otra religión, otros intereses y eran colonias para extraer riquezas, no eran reinos civilizadores de ultramar como pasaba con las tierras de la corona española en América. Nuestra separación fue traumática para nuestra identidad, costó tiempo y sangre a los pueblos que la padecieron y con los pésimos resultados que los americanos de hoy padecemos.

Veamos otro caso. La diferencia entre una causa justa, como la defensa de la pertenencia a la corona española, de una causa inventada como el comunismo soviético, se ve en que a la primera le llevó años para ser derrotada y la segunda pareció sufrir, como dice el analista político Adrián Salbuchi, una “desactivación programada”, al caer el Muro de Berlín y el bloque soviético. Concepto muy bien explicado por los periodistas Pablo Dávoli y Lucas Carena en la emisión n° 33 de La Brújula por TLV1. Como si la Guerra Fría hubiese sido una puesta en escena de la política mundial, que ante su fracaso, había que bajar a uno de los actores del escenario para mantener la ilusión de la obra. Del comunismo quedan algunas tiranías dispersas que apenas sobreviven, de la hispanidad queda todo un continente en el que impera su lengua y su espíritu. Como decía el poeta nicaragüense Rubén Darío: “todavía quedamos mil cachorros del león español”

No se puede negar lo que uno es. Como dice con gran humor y genial resumen, el politólogo argentino Gabriel Fossa: “Solo existimos desde 1810 para los colegios y las Universidades. Hablamos español, porque a una paloma que vino de España se le cayó un diccionario español- guaraní, azteca, maya, sanavirón, etc, etc. sobre la cabeza de un aborigen y este aprendió solito, luego imprimieron ejemplares y se extendió por toda América. Las vacas, los arados y caballos también vinieron volando.

¿Los españoles? ¿Qué españoles? Nunca estuvieron en América, ni civilizaron nada, ni crearon 25 universidades, ni cabildos, ni leyes, ni caminos, ni fuertes, ni escuelas, ni hospitales, ni iglesias antes del 1800. Los paisitos nuevos de habla castellana, dicen que no son españoles porque vinieron en un OVNI”. ¡¡¡LA HISTORIA DESAPARECIDA. HAY 300 AÑOS ANTERIORES QUE PARECE NO SON NADA!!!

En medio de tanta irracionalidad, es una mentira aceptable a los inocentes oídos de los americanos contemporáneos. Recuerdo la frase poco feliz de Jorge Luis Borges al afirmar que: “a los españoles no se les dio el arte de navegar”. A lo cual, con fina ironía contestó el gran historiador argentino Muñoz Azpiri: “claro, porque descubrieron América viajando en dirigible”.

De habernos mantenido unidos en las Indias, en primer lugar habríamos salvado nuestra identidad, factor necesario para construir una sociedad perdurable en el tiempo. Y no hago teoría contrafactual, porque esa era la realidad imperante.

Fueron tres siglos de paz y desarrollo, siempre teniendo en cuenta las características de aquellos años. En segundo lugar, podríamos haber ayudado a rescatar a España de sus enemigos externos y de sus traidores. La habríamos salvado de las garras del liberalismo agnóstico. En tercer lugar, habríamos mantenido nuestra moneda común en todo el territorio americano, el Real de a 8 y nuestro predominio en los mercados de Asia y del Pacífico. Por consecuencia, habríamos reconstituido nuestro poder, evitado dos siglos de guerras civiles, postraciones y empobrecimiento crónico. Seríamos relevantes y preponderantes en las decisiones políticas que se toman en el mundo. Hasta es muy posible que se hubiesen evitado las dos guerras mundiales y la revolución comunista rusa, pues los EEUU serían un país limitado en su territorio y poder y que no se extendería más allá del río Mississippi. Muy posiblemente ese país, se habría mantenido en el área de influencia económica y cultural española como lo había estado durante largo tiempo en buena parte de sus actividades. ¡Thomas Jefferson les enseñaba español a sus hijas, para que pudieran prosperar y conocer el mundo! Incluso en lo sanitario, los EEUU se beneficiaron de la Expedición Balmis, ordenada por Carlos IV para erradicar la viruela.

Y por último pero también importante, ¡hubiésemos sido pueblos prósperos y felices!

[1] Strobel Trilling afirma que es el propio Dios en la persona del Espíritu Santo, la fuerza que demora la parusía que los fieles de la época estaban experimentando. (Nota del Editor) Cfr.: http://es.metapedia.org/wiki/El_katechon_como_idea_metapol%C3%ADtica



Escrito por Don Denís Gómez-Taylor Oliver (Primer Ministro del Reino de Wikonga)

 

El primer estado narcotraficante de la historia fue el Imperio Británico

 

El Imperio Británico (también conocido como Imperio Pirata) siempre se caracterizó por su obsesión con expandir su influencia por el mundo, costase lo que costase (muchas veces utilizando técnicas asquerosas, rastreras y vomitivas). Ésto lo podemos ver con las independencias de Hispanoamérica, que fueron organizadas detalladamente por masones e ingleses; pero ésta no fue la única parte del mundo que se colapsó económicamente y políticamente por los intereses ingleses piratas.

Las famosas guerras del opio entre China y el Imperio Británico ocurrieron debido a los intereses de los ingleses en ganar dinero vendiendo opio (una droga) en China. Viendo lo que causaba el opio, el gobierno chino decidió prohibir la entrada de cargamentos de opio lo que causó un gran enfado entre los comerciantes que ganaban cantidades ingentes de dinero con la entrada de la droga en China. Los Británicos luego empezaron a traficar ilegalmente con él para meterlo en el país que lo había prohibido y la corona inglesa y su gobierno ayudaron y protegieron el comercio ilegal.

Ésto es ser un estado narcotraficante que al mismo tiempo que causó millones de muertos por hambruna en la India, que era el lugar en el que se cultivaba el opio. Los invasores británicos obligaban a los agricultores locales a plantar opio en vez de alimentos como el trigo o el arroz, luego el opio se llevaba desde la India hasta China para traficar con él. La falta de alimentos debido a la escasa producción de los mismos causó de aproximadamente la muerte de 10 millones de indios en la región del Bengal. Con esa técnica (de desprecio a la vida humana) que caracteriza a los anglosajones se abrieron paso por todo el mundo. La hambruna, que ocurrió en 1770, se pasó a denominar la Gran Hambruna de Bengala, que se llevó la vida de aproximadamente la población actual de Portugal.

Inglaterra ha provocado la muerte de más de 40 millones de personas en la India durante todo su autoritario gobierno a sabiendas de las consecuencias que iba a haber. Muy diferente fue la forma de actuar de los españoles, que, fieles a sus creencias católicas, respetaron a todos los hijos de Dios (incluyendo a indios y nativos).



Escrito por Don Patricio Rodríguez (Vicembajador del Reino en Ecuador)

 

El cacao de Guayaquil en la Nueva España

Antes de las Repúblicas, las provincias españolas ya comerciaban entre sí, el "cacao guayaquil" era el preferido de la Nueva España, actual México.

En la década de 1720 el mercado de la ciudad de México también recibió de manera directa cacao proveniente de Guayaquil, el que tuvo los montos más importantes, sólo después de los caraqueños. 

Su frecuencia fue constante y sus años más destacados fueron 1722, con un total de 3 578 tercios, y 1724, con 2 698 tercios (Cuadro 4). Al respecto, se debe subrayar que el llamado periodo de la prohibición comercial entre el virreinato de Nueva España y el de Perú, que se supone corresponde a la primera mitad del siglo XVIII, estuvo más bien regido por reiterados privilegios individuales de conducción del grano por Acapulco, y hasta existió un intento de estanco real.

 

Los comerciantes peruanos sabían que dicho circuito acuático era el más redituable porque los envíos a Panamá y el traslado hasta Veracruz encarecían los costos respecto al cacao caraqueño, con el que entraban a competir en la zona del Golfo, pero especialmente si se consideran los bajos costos de transporte marítimo a través del Pacífico hasta entrar por el puerto de Acapulco para ser traslado a la ciudad de México. Por esa vía se acortaban notablemente las distancias entre la zona productora y la ciudad de México. 

 

Unos 360 kilómetros separaban al puerto y a la capital, es decir, una distancia menor que la existente entre Veracruz, con fletes notablemente más baratos, de ocho reales por carga de cacao, desde la costa pacífica hasta México. En contrapartida estaban los costosos fletes desde Veracruz, que en gran medida dependían de la condición de los caminos y la estación del año; los 420 kilómetros entre un punto y otro podían significar, tan sólo en la temporada de secas, unos 35 días de recorrido; en 1806 se decía que cruzar las tierras bajas del Golfo y ascender por la Sierra Madre, absorbía dos tercios del costo del transporte entre la ciudad de México y Veracruz.

 

Es decir, el cacao de Guayaquil era más barato que el venezolano, siempre y cuando se transportara vía Acapulco, y lo fue aún más cuando comenzó a expandirse su producción dadas las condiciones naturales de la zona. 

Bajo ese contexto, se entiende que en 1712 los comerciantes de Guayaquil solicitaran una licencia para vender dicho producto vía Acapulco; el proyecto fue discutido en el Consejo de Indias y en ese mismo sentido, el año 1720 se proyectó que el virrey de Perú comprase anualmente la cantidad de cosecha de Guayaquil que estimara conveniente por cuenta de la Real Hacienda y que se condujera a Nueva España a través de dos navios de guerra de la Armada de la Mar del Sur. 

Guadalupe Pinzón nos aclara que en 1720 el superintendente del Juzgado de Arribas y Embarcaciones de Perú en las costas del Mar del Sur de Nueva España, José Veytia, propuso al monarca español la apertura de este comercio que de todas formas se realizaba sin dejar ganancias al erario. 

Sugirió que el tráfico sólo fuera de cacao, sin hacer escalas hasta llegar a Acapulco, donde lo pondrían en manos de particulares y todo se haría a favor de la Real Hacienda; este sistema eliminaría las evasiones fiscales y se estimaba que no perjudicaría a las naves que transitaban entre Guayaquil, Panamá y el Callao, ni al comercio de Maracaibo, Cumaná y Caracas, esto último debido al alto consumo que en Nueva España había de cacao. 

No obstante, en 1722 se les respondió que debía mantenerse la prohibición de traficar con el cacao de Guayaquil, el cual seguiría siendo enviado a Tierra Firme. Sin embargo, se siguieron otorgando permisos individuales: se sabe, por ejemplo, que para el año 1721 Juan Bautista de Azunza gozó de una licencia particular para trasladar cacao de Guayaquil por Acapulco; otro caso se dio en 1724, cuando gobernaba ese reino el arzobispo don Diego Morzillo.

Dadas las circunstancias, se pretirió que aquel reino sudamericano continuara comerciando su producción cacaotera por tierra firme, lo que evidentemente le significaba perder las ventajas del flete marítimo. Del mismo modo, circunscribir su producción cacaotera nada más al virreinato de Perú, no era tan atractivo porque en aquella zona la infusión de hierba mate y también la coca eran culturalmente los estimulantes preferidos entre el grueso de la población y no así el chocolate. 

Por su parte, hacia la década de 1730 los flujos de cacao de Guayaquil hacia la ciudad de México se alteran, tal como lo indica el cuadro 4, hasta que prácticamente desaparecen; en su lugar, repunta el cacao de Tabasco, con remisiones de 200 tercios y hasta de 400 en 1735.

Tampoco se puede olvidar que muchas veces la misma ruta del cacao tabasqueño era utilizada por el de Guayaquil. A este respecto, se puede señalar que precisamente esta es la época cuando se refuerza la normatividad contra el tráfico ilícito, ya que en 1732 se ordenó tomar medidas más severas en contra de las naves peruanas que traficaban en costas novohispanas.



Escrito por Don Guillermo Nicieza (colaborador con PubliWik)

 

LA ARTILLERÍA DE COSTA 

¿Qué es la artillería de costa? ¿Cómo se organiza la defensa de una bahía? ¿Es lo mismo una batería que un fuerte? ¿Cómo se disponen las piezas de artillería en una batería costera? ¿Qué es una estrella de Vauban? ¿Por qué tenían esas formas?

 

En primer lugar es importante recordar, y así lo establecen las Reales Ordenanzas Navales, que la Real Armada también era responsable de la defensa y protección de ciertas plazas y lugares en tierra. Primeramente los arsenales y plazas costeras, así como los puertos y bahías.

 

Esto se hacía de dos formas: por mar y por tierra. Por mar sería con flotillas o escuadras guarnicionando la bahía desde dentro, en el puerto, o patrullando la costa. Solían usarse buques ligeros pero bien artillados como fragatas o goletas, y otros muy ligeros como las cañoneras

 

Tales formaciones y estrategias funcionaban muy bien para enfrentarse a piratas o corsarios, la caza de contrabandistas o repeler flotillas ligeras, sin embargo, poco tenían que hacer frente a una escuadra bien pertrechada o acompañada de navíos de línea, de un porte superior.

 

 

Además, eran muy frágiles a los ataques por tierra y a los desembarcos, pues una escuadra no puede defender un puerto atacado desde tierra sin reducirlo a escombros a causa del fuego amigo. Por lo tanto, también es necesario protegerlos frente a ataques que provienen de tierra.

 

La solución fueron las fortificaciones costeras, fortalezas con una situación estratégica privilegiada que permitían disparar tanto al mar como a tierra, y los bloqueos interiores de las bahías. Aquí entra en juego un punto clave: la disposición de la artillería de costa.

 

La artillería de costa es todo conjunto de piezas de artillería, de corro a medio alcance, dispuestas para proteger un puerto, bahía o zona costera determinada. Distinguimos entre fuertes y baterías de costa, que aunque se complementan no son lo mismo ni tienen misma función.

Un fuerte es una posición defensiva guarnicionada con artillería e infantería, preparada para resistir un asalto por mar y tierra. La idea es disparar con artillería contra los barcos enemigos y utilizar mosquetería una vez hubiera un desembarco.

 

Lo normal era establecer varios fuertes en la boca de entrada de una bahía, de forma que pudieran hacer fuego cruzado desde ambos lados, cogiendo a la flota en medio y viéndose flanqueada. Se aprovechaba la elevación del terreno para ganar esta ventaja.

 

Esto convertía a una bahía en una ratonera donde se recibía fuego al entrar, y una vez dentro era muy difícil de salir. Así les ocurrió a los ingleses en el sitio de Cartagena de Indias donde se vieron derrotados por una guarnición de tamaño mucho menor a sus fuerzas.

 

Por otro lado, tenemos las baterías. Una batería es un conjunto de piezas dispuestas para operar conjuntamente y el caso de la artillería de costa, serían de 4 a 8 piezas de peso medio, de las 12 a las 24 lb, siendo más raros los obuses y pesos superiores (sí habría en fuertes)

 

La disposición era por lo general lineal, pudiendo agruparse varias baterías seguidas. La idea era defender un tramo recto de costa. No solían tener más protección que un muro de piedra, y su retaguardia estaba abierta. Normalmente no tenían dotación de infantes, sólo artilleros.

 

Algunos fuertes eran tan grandes que se denominaban fortalezas o castillos, y tenían no sólo dotación de infantería sino incluso capilla o dependencias burocráticas. Pero, ¿por qué tenían esas formas tan extrañas? La respuesta nos la da Vauban, gran ingeniero militar francés.

 

Una fortaleza, hemos dicho, es un fuerte de gran tamaño, que defiende una posición por tierra y mar, que está bien guarnicionado y posee varias dependencias, formado por muros gruesos y varias alturas o cortinas. Normalmente tenía una plaza central de armas y forma de estrella.

 

 

La forma poligonal es la más estable no sólo geométricamente sino la que permite, a más lados, menores puntos ciegos y ángulos más agudos. ¿Qué tiene que ver esto con la artillería? Pues mucho. Un cuadrado tiene sólo 4 puntos en ángulo y por lo tanto áreas lineales y muertas.

En cambio una estrella de 6 u 8 puntas, tiene vértices mucho más agudos, dejando lienzos de muralla mucho más estrechos y cubriendo un ángulo de tiro defensivo mucho mayor. Si se construyen salientes y revellines, se obtiene fuego cruzado, imposible para el ofensor cubrirse.

 

Esto hacía a la estrella una forma defensiva más eficaz y permitiendo defenderla con una dotación y guarnición mucho menor. Las cortinas superpuestas en distintos polígonos permitían a su vez bastionarla si caían las murallas exteriores, replegándose a las interiores.

 

Debemos pensar que una estrella de Vauban desde dentro es un laberinto de calles y canales donde es tan difícil entrar, avanzar, retroceder, como salir. Una ratonera perfecta. Por ello eran tan difíciles de tomar incluso con ejércitos muy superiores o maniobras anfibias.

 

Pero no eran impenetrables. Una estrella de Vauban puede ser derrotada mediante una acción de asedio combinada con bloqueo marítimo y sitio por tierra, durante meses. Una maniobra que no siempre era posible, pues una llegada de refuerzos podría socorrerla con facilidad.

 

España fue de las naciones pioneras en el uso de estas estrellas, cabe destacar a Jorge Próspero de Verboom, fundador del Real Cuerpo de Ingenieros en 1711, y gran ingeniero holandés al servicio de Felipe V. Llamado el Vauban español.

 

Gracias a la artillería de costa y a las estrellas de Vauban, España, siempre pionera en tecnología militar, pudo defender y proteger su basto imperio durante más de 250 años, cosa impesable para el número de hombres y navíos que tenía desplegados en sus territorios americanos.



Escrito por Don Denís Gómez-Taylor Oliver (Primer Ministro del Reino)

 

¿ROBÓ Y SAQUEÓ ESPAÑA EL ORO DE AMÉRICA?

Durante décadas hemos creído todos que el Imperio Inca y el Imperio Mexica eran muy ricos en oro y plata y cuando llegaron los españoles mataron a todo el mundo y lo robaron todo. Pero esto es totalmente mentira, ya que hay datos verificables que demuestran que la importación de oro a España en el Imperio Español fue mínima y que España no se hizo rica con el poco oro que traía de América. La leyenda negra fomentada por los ingleses y los neerlandeses siempre se ha basado en mentiras y ha ido dirigida a desprestigiar a España y a la Hispanidad.

Para empezar sí que es verdad que España extrajo oro de América, pero sólo 20% era montado en un barco y mandado a España ya que según la norma general de ‘El Quinto del Rey’ un quinto del oro encontrado en América debía ir a La Corona Española, lo que significa que el resto 80% se quedaba en América. Con todo ese oro que se quedaba en los virreinatos españoles se fundaban ciudades, se construían puertos, catedrales, universidades, hospitales, escuelas… Se invertía la gran mayoría de oro encontrado en América en la creación de infraestructura, edificios y conexiones; con todo ese oro que se quedaba en América se pagaban a arquitectos, navegantes, soldados y otras gentes para desarrollar Las Españas.

Gracias a la extracción del oro en América y el acuñamiento del real español la economía hispana fue en aquel momento la dominante del mundo. El real español era la moneda más valorada y más usada en el mundo, la América Española dominaba el comercio del Océano Pacífico y el de Asia; hay que tener en cuenta que sólo una moneda se utilizaba desde Alaska hasta la Patagonia, pasando por California, Méjico, Colombia y Perú, y sólo una moneda se utilizaba desde las Filipinas hasta las las Dos Sicilias Españolas. Por ello cuando Reino Unido compra Singapur a un sultán del Reino de Malaca lo hace con reales de a 8 españoles y cuando se medía el dinero producido en el puerto de Singapur se hacía con la moneda española. El problema vino cuando 20 países diferentes se independizaron de España y se crearon 20 monedas distintas, lo que destruyó la hegemonía mundial de esa moneda (que en realidad enriquecía a España e Hispanoamérica).

Es también importante resaltar que todo este oro se utilizaba de medio de pago a españoles para trabajar, a los indígenas el oro no les valía casi nada ya que lo utilizaban más bien como decoración y estética que como medio de pago, por lo que no sentían que se llevaban objetos muy importantes.

También es importante resaltar el papel que tuvo la Casa de Contratación de Sevilla (CCS), que registraba todo lo que salía y entraba de España. La CCS registró todo el oro procedente de los territorios del nuevo mundo en los archivos que hoy se encuentran en el Archivo de las Indias, en Sevilla. El historiador y escritor estadounidense Earl J. Hamilton escribió en 1934 un libro llamado American Treasure and the Price Revolution in Spain, 1501-1650 que investigó en archivos españoles para escribir este libro. Él encontró que entre 1503 (año de fundación de la CCS) y 1650 se registraron en total 181 toneladas de oro, lo que significa que en un sólo año Perú y Argentina juntas producen 34 toneladas más que España en un plazo de 147 años. Esto es obviamente debido a las tecnologías de entonces y las de ahora, pero es importante saber que Perú hoy produce más oro en un año que el oro importado del Imperio Español a España en casi 150 años.

Además, todo el oro que llegaba a España (que era bastante poco) no se utilizaba para enriquecer a la casa real o para enriquecer a España, sino que se utilizaba en la construcción de barcos para la armada que protegía a todas las Españas, se utilizaba en el mantenimiento de todos los tercios y los soldados que defendían a España y su territorio por todo el mundo (incluido en América), se utilizaba también para defender al continente Europeo Cristiano de la invasión mora y otomana (por ejemplo en la recuperación de Budapest, gracias a las fuerzas españolas) y se utilizaba en la financiación de expediciones de exploración por el mundo (que en aquella época era muy caro, como lanzar un cohete hoy en día). Muchas de las veces los barcos que traían oro de América ni tocaban puertos españoles porque iban directos a los Países Bajos Españoles, donde se encontraban todos los prestamistas que se aprovechaban de España y recibían cantidades ingentes de dinero. La Corona Española no se hizo rica con el oro importando desde América, fueron los prestamistas holandeses, ingleses o franceses los que se aprovechaban de los gastos en guerras contra España.

Actualmente los países de Hispanoamérica están entre los mayores productores y exportadores de oro del mundo, compitiendo con potencias mineras como China o Estados Unidos. Perú está en el puesto nº 6 y México, Argentina, Colombia y Chile están entre el Top 20 mundial. China produce actualmente unas 380 toneladas de oro extraído de minas, Perú produjo unas 156 toneladas y los otros países ya mencionados produjeron en conjunto 242 toneladas. Si observamos estos datos podremos ver que los países hispanoamericanos (México, Colombia, Perú…) suman todos 398 toneladas, que es más que China o Estados Unidos. Esto significa que hoy en día Hispanoamérica es la mayor productora de oro del mundo. ¿Cómo puede ser que un continente ‘saqueado’ y ‘explotado’ sea hoy líder en producción de oro? Por lo que nos confirma que el continente americano no fue saqueado por los españoles.

Este documento se basa en nuestras investigaciones llevadas a cabo por Denís Gómez y en las de muchos historiadores como Patricio Lons. ¡Saludos y larga vida a la Hispanidad!


 


INFORMACIÓN SOBRE WIKONGA

¿QUÉ ES WIKONGA?

 

El Reino de Wikonga (oficialmente Reino Católico de Wikonga e Indias Españolas) es un Reino independiente virtual. Es vasallo de SM el Rey Felipe VI de España (y I de Wikonga), aunque el Reino tiene un Primer Ministro, un Consejo Real y un Gobierno.

¿CUÁLES SON LOS OBJETIVOS DEL REINO?

Wikonga es un Reino hispanista, por lo que está a favor de una reunificación de todos los pueblos hispanos: desde la Patagonia hasta California y desde la Guinea Ecuatorial hasta las Filipinas.

El Reino trabaja para difundir y promocionar la historia de España y de la Hispanidad, produciendo artículos, documentales, mapas, etc. 

¿DÓNDE ESTÁ WIKONGA?

El Reino de Wikonga se organiza en Reales Audiencias y Gobernaciones, los territorios se encuentran repartidos por el Pacífico. Antiguamente muchas islas del Pacífico fueron españolas (Guam, las Carolinas, las Marianas...) y las últimas islas españolas en ese océano se vendieron en 1899 a Alemania. Sin embargo hubo siete islas y atolones que no se mencionaron en el Tratado Hispano-Alemán, por lo que legalmente seguirían siendo españolas. El Gobierno de España no ha hecho ningún intento de revisar ese tratado por lo que en esas islas que deberían ser españolas se fundó en el agosto de 2019 el Reino de Wikonga.

La capital oficial del Reino es el lugar en el que reside Su Majestad (Madrid, España), sin embargo la sede de facto del Gobierno del Reino es la ciudad de Valencia (España).

 

 

 

PROYECTOS DEL REINO DE WIKONGA

¡ÚNASE Y COLABORE POR EL BIEN DE LA HISPANIDAD!

v Real Academia de Artes Cartográficas de Wikonga: debemos conocer la historia hispánica, y una forma muy buena es a través de los mapas. Con los mapas conoceremos el auténtico legado de España en América, Asia y África. Si quiere contribuir puede contactar al Gobierno (wikonga.gov@gmail.com) o puede contactar por Twitter con la Academia (@RACartografica). Para poder unirse como académico tiene que presentar un trabajo (artículo, mapa o documento) a la Academia para contribuir a su funcionamiento, así podrá compartir y difundir cartografía hispánica.

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v Real Academia Saharaui de la Lengua Española de Wikonga: una institución promocionada por Wikonga para difundir conocimiento de la lengua española en lo que una vez fue la ‘Provincia del Sáhara Occidental’, unida a España. En aquellos lares hay una forma característica de hablar español y se debe recordar que en la Gran Fraternidad Hispánica y Católica existe el Sáhara Occidental. Puede contactar y ayudar a través del Twitter oficial:

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